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El “rojipardismo”, un fascismo edulcorado
por Simón Peña
|06/05/2026|
¡Salud!
Una editorial que, además de revista, publica libros, sacó hace poco uno de estos últimos dedicado a la Izquierda basura, con un refuerzo sugerente sobre el neoliberalismo “progresista”. Como resulta que a mi lo del progresismo me suena a explotación capitalista: explotación de personas, de sociedades, de naturalezas; y como, además, eso de “izquierda basura” me suena cercano…, pues que leí el libro y no lo recomiendo.
El libro habla, una y mil veces, y dos mil veces, y tres mil… de que la izquierda se ha unido a la derecha para salvar al capitalismo, algo que un alumno de primaria empieza a comprender desde que le hablan de “democracia” y, si la profe o el profe sabe explicar, eso que llaman como tal, entonces libros como ese que no recomiendo sobran. Otras miles de veces repite que “el fascismo terminó en 1945”, que el migrante es un “cosmopolita errante” y otras mentiras edulcoradas con frases de otros filósofos de renombre, pues él, el autor, un tal Diego Fusaro, también lo es y la verdad es que en lugar de eso parece un nuevo Goebbels, por aquello de repetir mil veces…, y por esto otro que ahora se llama “rojipardo”.
Ahí lo tenéis, compañeras: el migrante es un “cosmopolita errante”. Cagüentodo. He recurrido a un migrante, un senegalés llamado Mamadou Dia que, allá por los principios de este siglo ya tan joven y tan castigado, decidió convertirse en “cosmopolita” y se lanzó a la aventura y, como no tenía dinero y posibilidades de obtener pasaporte, decidió embarcarse en un navío último modelo que, por estos andurriales por los que nos rodeamos de fascistas llamados ahora rojipardos, llamamos patera. Su deseo de buscar el Dorado lo narra en un libro llamado 3052. Persiguiendo un sueño (editado por él mismo. 2014). En él su autor habla del viaje en primera clase: los pasajeros eran pescadores, soldadores, albañiles, mecánicos, agricultores, comerciantes, estudiantes…, “todos se mareaban y llevaban la noche vomitando lo que habían comido, hasta perder las fuerzas”, por eso ya no comían, excepto los que eran pescadores. Y recuerda que los “cosmopolitas errantes” son “las víctimas de la esclavitud, de la corrupción, de la marginación y del maltrato”, en busca de “un potencial que nos permita volver un día a vivir en África, exactamente lo mismo que hacían los españoles hace pocos años en otros países de Europa y Latinoamérica”. Y nos recuerda algo muy importante: el Consejo General de la Abogacía de España, afirma que “no cabe integración real sin igualdad de derechos y deberes de todas las personas, población inmigrante y autóctona, que conviven en un mismo territorio”. A ello podemos añadir aquello de que la tan cacareada Constitución dice que todo extranjero goza de las libertades y que los derechos universales son para eso, para todas las personas sin excepción, eso sí, no podrán votar ni ser elegidos, salvo en las municipales. Algo que olvidan conscientemente aquellos de la “prioridad nacional”. Claro que el olvido es universal para todo: vivienda, trabajo, alimentos, sanidad, justicia, enseñanza…, eso solo está en la letra.
En fin, compañeras. Que el fascismo se ha metido en nuestras mentes a través del miedo, de la mentira convertida en “verdad”, de la publicidad, de la “política”, de la enseñanza, de…, estamos acostumbradas a creer que unos “tengan derecho a viajar hacia donde quieran y cuando quieran y otros no”, como grita Mamadou. Y también a través de una nueva aparición llamada “rojipardismo”, que no es más que puro pardismo, el rojo es para endulzar. Claro que banderas hay muchas, pero solo hay una, la roja y negra o simplemente negra, que no conoce país, fronteras, diferencias…
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