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Campañas electorales para idiotas
|07/02/2022|
Está claro, las campañas electorales parecen diseñadas única y exclusivamente para idiotas. Es inevitable preguntarse cómo es posible que unos discursos tan vacíos, tan carentes de coherencia, incluso tan mal estructurados como lo que se dan en esos ridículos mítines pueden calar o llegar a convencer a alguien. Pero sí, llegan y convencen, seducen y conforman a millones de personas que, en su más que probable vacío mental, se dejan estafar por arengas tan sumamente bobas. No se explica cómo individuos que supuestamente deben representar a millones de personas pueden ofrecer discursos tan mediocres y penosos, apoyados además, como no puede ser de otra forma, en una cantidad de mentiras insultante. Es difícil saber si es que las diseñan así a propósito sabiendo de la cortedad de sus votantes o es que sencillamente no son capaces de configurar campañas con algo de credibilidad o al menos que no den vergüenza ajena.
Estas campañas son la hipocresía, la falsedad y la desfachatez llevadas a su máxima expresión. Candidatos besando niños, posando frente a vacas y cabras, disfrazándose cual Mortadelo para acercarse a los trabajadores, prometiendo lo que jamás van a cumplir, haciendo como que les importa algo los problemas de la gente… Todo es una impostura de tal calibre que habría que ser muy imbécil para dejarse convencer. Y ahí está el gran problema, que convencen y a muchos. Si hubiera algo de sentido común, de espíritu crítico y de dignidad, a todos esos cuyo único interés es su bolsillo y el poder no los votaría nadie. Creer a quienes han demostrado reiteradamente ser indignos de cualquier confianza sólo lleva a perpetuar una clase política que desoye los preceptos democráticos más elementales, esto es, ser depositarios de la voluntad del pueblo.
Una campaña electoral no es más que la puesta en escena, falsaria y manipuladora, de unos comerciales que se dedican a vender esperanzas y deseos. Algo similar a lo que pregona cualquier cura en la misa del domingo, convencer a incautos y embridar mentes a base de falsas promesas de un futuro mejor y más próspero. Ver a personajes tan mediocres y bobos mendigar votos con discursos y argumentos tan pobres es sonrojante, pero ya nos hemos acostumbrado a ello, apenas reparamos ya en lo terriblemente cutres que resultan, en la banalidad de sus propuestas o en lo poco creíbles que suenan sus propuestas. Pero, sabedores de la fidelidad de su rebaño, catatónico y ya entregado al engaño, no se esfuerzan ni en disimular o en maquillar su cortedad intelectual, patente en unas puestas en escena, unas habilidades discursivas y unas convicciones en su relato absolutamente lamentables.
Pero seguirán convenciendo, continuarán engañando, lograrán ganar o coger poltrona. Sujetos dispuestos a venderse al mejor postor o a comprar voluntades, individuos cuya única labor las más veces es sentarse en un escaño a pasar el rato y cuando tienen algo que hacer, como pulsar un botón, tampoco son capaces. Si todos esos que depositan su voto de confianza en semejantes memos tuvieran algo de sentido crítico, jamás se dejarían seducir por esa panda de vividores. Los damnificados, los de siempre. La historia no cambia y jamás va a cambiar, porque el ser humano es así, tan deseoso y orgulloso de ver el fino brillo de sus propias cadenas.
{ Las Cenizas de Troya }
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