De la calle hasta los digitales

21-05-2016a

De la narrativa del siglo XIX a la del XXI: ¿Transferencia, innovación o supervivencia?

¿Cuáles son las narrativas propias de los nuevos medios?

La lectura ya no es a través de un recorrido secuencial sino a través del escaneo de documentos.

“La experimentación y la manera de narrar la historia es donde radica la innovación. Lo inesperado es así capturado por el paseante que siempre lleva una cámara en mano, captura la imagen y la transfiere a una secuencia de impresiones y de impactos muy cortos. Son virtuales archivos, listos para ser transferidos a una narrativa más compleja”, dice Gómez Mont.

por Carmen Gómez Mont
[Publicado originalmente en RMC 131]

Uno  de  los  aspectos  más  revolucionarios  de  la  explosión  tecnológica  emerge  de  la  posibilidad  de  crear  nuevas  narrativas. ¿Cuáles  son  las  más  evidentes  hasta  ahora? ¿De  dónde  derivan, cómo  se  crean, avanzan  y  maduran? Sobre  todo, ¿cuáles  son  hoy  sus  repercusiones  en  las  formas  de  escribir, crear  imágenes  y  sonidos?

Para hablar de narrativas en la Web hace falta partir de lo comunicacional. En caso contrario nuestro análisis podría devenir en caos o crearse a partir de una serie de impresiones personales.

El hecho de narrar es lo fundamental en tecnologías, pues a partir de contar la historia desde marcos de vida cotidiana, es como se han logrado avances fundamentales en la expresión que va del hombre de la calle hasta los grandes artistas digitales. Bien se dice que si anteriormente la historia se contaba en función de los grandes hechos oficiales, hoy día la historia se cuenta a partir de los muy peculiares hechos cotidianos.

¿Qué debemos entender por nuevas narrativas? ¿Qué papel desempeñan en ellas los lenguajes digitales o mediáticos? ¿Qué rol desempeña el usuario de los nuevos medios en su proceso de creación?

La narrativa es un escrito o una historia que recoge una serie de hechos: puede ser un cuento, una novela, una crónica inclusive y mucho más que eso.

Hay medios que han modificado su narrativa – lo que cuentan y cómo lo cuentan – en función del soporte electrónico, pero también debido a rupturas importantes, entre ellas la inserción del relato social, del no experto en la Web desde donde puede ser leído, comentado, visto o escuchado por millones de personas.

Uno de los formatos que ha resultado más revolucionado ante la narrativa es la creación de libros electrónicos: una expresión que va de la escritura personal a la colectiva. Sin embargo no hay que dejar de considerar que leer sobre papel no conlleva la misma lógica que leer sobre una pantalla óptica e interactiva. La lectura en este caso ya no es a través de un recorrido secuencial sino a través del escaneo de documentos. De la hoja en Word al sitio Web, al Facebook, y hasta en Twitter se han creado obras universalmente reconocidas. En otros casos se han llevado obras clásicas a formatos mínimos, como es el caso de “Romeo y Julieta” transferido a un Twitter. Son nuevas narrativas, nuevas formas de contar y de compartir lo que contamos.

Desde luego que esta modalidad cambia los niveles de comprensión e integración de las ideas, la manera en que se procesa la información, se entiende y se recuerda. Hay en tal sentido una revolución galopante que aún no ve límites ni interpretaciones satisfactorias.

Un segundo elemento lo constituye el proceso de digitalización de las imágenes, ya sean fijas o en movimiento. Google y Yahoo han puesto a disposición de los amantes de la fotografía sendas aplicaciones (Flickr  y Picasa) destinadas a crear espacios para la recuperación, el ordenamiento y la difusión de imágenes con amigos. Una tras otra, bajo los efectos de la luz y de la edición, van contando historias. Se trata de una nueva narrativa también pues cada una de ellas abre la posibilidad no sólo de mostrar la historia, sino de que ésta sea comentada por los amigos.

Los museos en línea representan un proyecto que ha logrado avances notables en el manejo de imágenes fijas. El proceso de digitalización, la recuperación de archivos nunca vistos – ahora en línea – y la manipulación de imágenes en 3D, sin olvidar la alta definición, logran involucrar al usuario de estos sitios en un verdadero aficionado que busca comprender la historia y el arte a través de los relatos virtuales. Son imágenes que por la forma en que se editan sobre aplicaciones informáticas, cobran vida. Sin embargo, las imágenes no se quedan aisladas: se unen, se hilan, se contraponen entre ellas – entre analógicas y virtuales -, cobrando formas, despertando sentimientos, creando nuevas percepciones en quien las mira detenidamente. Son verdaderas narrativas creadas por los museos más ricos del mundo, pero también por los museos comunitarios, dignas de ser descubiertas y seguidas en la Web.

Más allá de la imagen fija, está la imagen en movimiento. Se trata de nuevos formatos de expresión desarrollados a partir de mundos virtuales (Second Life) hasta mundos recreados o inventados a través de pequeños formatos (cine por celular). En ellos todo se vale, salvo hacer televisión o video.

La experimentación y la manera de narrar la historia es donde radica la innovación. Lo inesperado es así capturado por el paseante que siempre lleva una cámara en mano, captura la imagen y la transfiere a una secuencia de impresiones y de impactos muy cortos. Son virtuales archivos, listos para ser transferidos a una narrativa más compleja. Lo relevante en este caso es la intensidad de los hechos desplegados en un tiempo de uno a tres minutos.

En otro nivel están las mezclas: una nueva manera de combinar los recursos mediáticos implica una edición muy personalizada de todo lo que existe en la Web. Se lee, se escucha y se mira como mejor le place al fan de cada uno de estos archivos. YouTube es uno de los mejores espacios creados para comprender hasta dónde se forma una nueva narrativa que incluye no sólo las formas de hacer video, sino también de consumirlas, compartirlas y reeditarlas como materiales propios: verdaderos fenómenos de convergencia que llegan más allá de lo imaginado.

Finalmente es preciso destacar el espectro dedicado al audio, donde parece haber más fanáticos y revoluciones. Todo cambia aquí, incluso el modelo comercial. Ahora se compran piezas musicales independientes, de tal manera que se puede organizar la escucha de un disco u obra a un orden preestablecido por la máquina o por un usuario. MySpace fue, en ese sentido, una plataforma fundamental para  explorar nuevas formas de bajar música, de escucharla, editarla y compartirla. Las obras provienen de artistas consagrados y de “fans” que a partir de sus propias computadoras van creando obras sonoras, estaciones de radio muy particulares y formas de narrar con una visión y estilos propios.

Así, materiales y formas se reapropian constantemente. Ante este mundo de retazos, ¿dónde queda la integración de la obra en su totalidad? Será ese ir y venir de impresiones lo que conforma la nueva narrativa digital? ¿Qué consecuencias puede aportar este innovador estilo de recuentos para la formación íntegra de las ideas?

Las anteriores son preguntas – hasta ahora – sin respuestas. Lo interesante es que la obra de Víctor Hugo no está peleada con su transferencia a formatos de tres minutos. El reto es poseer la capacidad de integrar las dos narrativas en el siglo XXI.

{ Revista Mexicana de Comunicación }

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