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Coronavirus, el bicho creado en…
por J. Pozo
|20/03/2020|
Una endemia que avanza inexorablemente y cuyo origen sigue siendo un gran misterio.
La geopolítica contemporánea y del pasado más reciente debe considerarse para entender los acontecimientos del presente, en una época donde está en juego las libertades fundamentales del futuro.
El mundo, sobre todo Europa y distintos focos de Asia decidieron paralizar sus economías para dedicar única y exclusivamente todos sus esfuerzos para vencer a la gran pandemia originada por un virus incontrolado, procedente de la región china de Wuhan. No solo eso, sino también han puesto en cuarentena a toda su población, sobre todo en los países más afectados. Los medios para paralizar el efecto de contagio del coronavirus son; confinamiento extremo de la población, cierres de lugares concurridos (tiendas diversas, bares, espectáculos, etc), movilización general de las fuerzas de orden público y armadas, denegación de los derechos fundamentales de la población, como puede ser el derecho a la libertad de movimiento, de reunión o al trabajo. En este instante, cualquier sospechoso de estar en la calle sin justificación previa es multado por la autoridad competente. Todo para que el virus no se extienda en exceso, aunque se demuestra que si el poder moviliza toda su fuerza posee la brutal capacidad de someter a la población a sus dictados más elementales o interesados. Puede ser un antecedente peligroso para otras causas de distinto índole y que por el simple hecho de que un efecto sea considerado como un peligro para la nación se proceda tal y como se ha producido por el coronavirus.
China acusó a los EEUU de ser el gran culpable de introducir el virus dentro de su nación. Una acusación que puede tener su lógica por la disposición norteamericana de anular de alguna forma la economía del gran país asiático, debido a la pérdida progresiva del papel dominador que actualmente impide al gigante americano poseer la virtud de ser la primera potencia mundial. La economía china ha avanzado mucho en los últimos tiempos, sobre todo en productos tecnológicos y/o fabricación de bienes de diverso índole, eso es un peligro, no solo para la competitividad de las empresas de los EEUU, sino también por la pérdida de peso de su poder armamentístico respecto a los chinos, su hegemonía está en peligro.
La historia reciente de los EEUU está repleta de conflictos internacionales donde los yanquis siempre impusieron sus propias normas a aquellas naciones que de alguna forma no comulgaban con sus dictados de obligado cumplimiento. Naciones que no colaboraban con el ideario del capitalismo favorecedor del enriquecimiento de ciertas empresas norteamericanas, ni tampoco con una forma de gobierno, que debe de ser el que dicte el siempre todopoderoso presidente de la casa blanca. Todo que de alguna manera daña la supremacía de los EEUU en el mundo debe ser aniquilada de la faz de la tierra. Esto es su norma de obligado cumplimiento y el tío Sam siempre señala a los culpables y advierte que esa norma se cumpla a rajatabla.
Tirando de hemeroteca, recordando algunos sucesos ocurridos en el siglo XX y XXl. En 1945 dos bombas atómicas lanzadas en Japón por aviones norteamericanos en la segunda guerra mundial, provocó la destrucción de dos grandes ciudades japonesas y cientos de miles de víctimas entre su población civil. Sin embargo la conciencia de los EEUU no se vio afectada por tal inhumano acto, más bien lo contrario, celebraron la victoria.
En el sudeste asiático las tropas yanquis ocuparon las naciones de Corea y Vietnam entre los años 50/70 del pasado siglo en su lucha contra el comunismo. Produciendo el desmembramiento de ambos países debido a ambas guerras, con escenas terribles y crímenes contra la humanidad que jamás fueron investigados concienzudamente por un mundo excesivamente sometido al poder de los EEUU.
Ya en los años 90 y a principio del siglo XXl los EE.UU se embarcaron en distintas conflictos armados en oriente medio con el único objetivo de controlar la producción petrolífera para beneficiar a las compañías estadounidenses. En la guerra de Irak fueron capaces de devastar el país con una gran mentira como justificación previa a la invasión armada de las tropas yanquis en el país asiático. Esta guerra provocó ciento de miles de víctimas y un desequilibrio en esa región del mundo, que a día de hoy se siguen pagando las consecuencias.
También los EEUU están detrás de golpes de estado, de boicot a economías que no se sometían a su ideario del capitalismo extremo. Todo esto ha producido escaseces de productos básicos en países como Venezuela o Cuba que a día de hoy sus ciudadanos son los grandes perjudicados por la inhumanidad del gran gigante americano.
Definitivamente pueden ser razones suficientes para creer y pensar que China puede tener sus sospechas bien fundadas, que detrás de todo esto puede estar el impresentable gran magnate que actualmente gobierna en la casa blanca. La historia nos advierte que a los EEUU no le tiembla el pulso, que cualquier elemento que interfiera en su idea de dominio mundial debe ser exterminada y que los medios disponibles para hacerlo deben de ser los que mejor resultado obtengan para ello. Sin estimar en daños colaterales, sin valorar los daños a la población civil, tal y como sucedió en Japón en 1945 o en Irak después del desplome de las torres gemelas. Un virus que paralizase la economía de su mayor enemigo económico a nivel mundial es una gran idea para sus intereses, es un ataque directo a su mayor enemigo, sin confrontación directa con los chinos, ya que China no es Irak y su poder armamentístico es considerable. Como fue la del asesinato del general iraní Qasem Soleimani en su día para desquiciar al régimen iraní. Esto demuestra que los EEUU no están por ceder su hegemonía en el mundo y que China desde hace un buen tiempo está situada en el centro de la diana que Donald Trump tiene colgada en su despacho de la Casa blanca.
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