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La lógica de la dominación
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“Buscar la Humanidad y la justicia es como perseguir
a golpes de tambor a un fugitivo que se nos escapa”.
Lao Zi.
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Bajo el dominio de las ciencias y tecnologías convergentes (NBIC) [1] y el arrastre hipercaótico del “realismo capitalista” en fase terminal, no solo se desvanece el viejo paisaje de polaridades perfectas que alguna vez permitió orientar sin demasiadas vacilaciones cualquier estrategia de enfrentamiento, sino que el propio “mapa”, es decir, toda la cartografía elaborada en torno a las antiguas luchas forma parte de las categorías obsoletas. Los algoritmos que impulsan cada vez más la supremacía de la dominación digital le han puesto fecha de caducidad a todo. Incluidas las viejas tácticas y estrategias.
Por eso apremia reanudar la praxis anárquica y retomar nuestra capacidad de enfrentamiento. Urge un paradigma acorde con los tiempos. No se trata de un reinicio como acusan desde posturas melancólicas colgándonos el sambenito de “neoanarquistas”. Reanudar es todo lo contrario a reiniciar. Mucho menos estamos proponiendo “resetearnos”. Cuando se “resetea” – recurriendo al anglicismo técnico – se borra todo lo anterior y se “carga un nuevo sistema operativo”. En cambio, cuando se reanuda algo le damos continuidad. En otras palabras: se vuelven a barajar los naipes y prosigue el juego. Lo que, evidentemente, no significa retomar la partida donde la dejamos ni que el juego continúe con los mismos jugadores. Es imposible retornar al mismo punto temporal, pero nada nos impide experimentar el placer de jugar en nuestros días.
Sucede lo mismo con la renovación. No se trata de devenir distintos sino de revitalizarse. De experimentar. Cuando se renueva se trabaja sobre lo viejo. Se remueve todo lo que ha dañado el paso del tiempo. Se sacude el óxido y se quita la pintura opaca. Se pule y se vuelve a pintar con creatividad. Conscientes de que todo lo que se renueva volverá envejecer con los años y requerirá nuevas remozadas. Nuevas transformaciones. Así ocurre con la praxis anárquica. A siglo y medio de distancia necesita sacudirse el óxido y volver a lucir colores vivos y, sobre todo, colores propios. Empero, para remozarse y transformarse se precisa experimentar. La experimentación directa es la piedra de toque que da a la concepción anárquica su especificidad y abre la puerta a la exploración teórica y práctica.
Con la irrupción de las nuevas tecnologías la dominación ha implantado la sensación de reinicio. Sin embargo, en este reinicio tecnológico no solo continúan las desigualdades globales, sino que se han incrementado, incluso en países donde las brechas de conectividad digital se han ido acortando con el acceso masivo a teléfonos móviles [2]. También se ha consolidado, a paso agigantado, la ausencia de libertad real y la disociación cognitiva. No obstante, una buena parte de los mortales tiene grandes expectativas en las tecnologías digitales y las vive como “la solución de los problemas futuros” [3], aún en regiones remotas y comunidades en pobreza extrema. Una fantasía de las mayorías convencidas de que se trata de un servicio filantrópico. Como recalca Siva Vaidhyanathan, autor de La Googlización de todo: “al regalar lo que parece ser un servicio gratuito, se puede extraer más información de la que se ofrece” [4].
En esta misma lógica, Paula Sibilia da un paso adelante y aclara que, con las tecnologías digitales, “el propio consumidor pasa a ser un producto en venta” [5]. Aun así, la servidumbre digital – ¡el pilar del nuevo sistema! – participa gustosa del ritmo frenético de las dinámicas de la dominación algorítmica. Esta constatación, nos confirma, una vez más, quienes son los verdaderos revolucionarios de la historia. En la actualidad, como apunta Morozov con gran ironía, “Steve Jobs y Ashton Kutcher merecen mucho más respeto que Mao o Che Guevara” [6]. Lo que explica porque la llamada “lucha de clases” desde hace rato pasó a formar parte de las categorías históricas superadas y también echa por tierra nuestras reflexiones noventeras en torno a las “luchas intermedias” y el desarrollo de la tensión permanente entre “incluidos y excluidos” que, según versaba el diagnóstico de la Internacional Antiautoritaria Insurreccionalista (I.A.I), en algún punto de un futuro próximo detonaría “la insurrección generalizada”.
Ahora todos se sienten “incluidos”. Y lo único que se ha generalizado en la gleba digital [7] es la ignorancia y la complicidad con el sistema. Los pocos que aún se conciben “excluidos” están más próximos al fascismo y a los movimientos identitarios que al deseo anárquico de liberación total. Una tendencia en aumento que articula con el clima social contemporáneo de propagación global del populismo. Lo que entraña la exigencia de pensar un nuevo itinerario de lucha frente al totalitarismo de la “racionalidad tecnológica”. Por supuesto, sin abandonar las coordenadas conceptuales a las que hemos arribado – desde el anarquismo decididamente posizquierdista -, aunque conscientes de la necesidad de redefinición constante al compás de los cambios de contexto.
Pero ¿cómo podemos actuar, manteniendo la adhesión a nuestras coordenadas conceptuales, en un escenario completamente desconocido? Huelga decir que no tengo respuesta, pero esta carencia no me quita el sueño. Reconforta saber que, en otros momentos de la larga lucha ácrata, las individualidades anárquicas tuvieron que ingeniárselas sobre la marcha. Esta “insuficiencia” no solo demuestra nuestro transitar nómada, implica, también, reconocer el carácter explorador e intempestivo de la Anarquía.
Por eso, no nos sujetamos a programas de lucha “reseteados” que anulan a priori la performatividad sediciosa y el potencial emancipador. Como mencioné anteriormente, nos toca experimentar. Explorar este mundo mutante y bosquejar in situ las nuevas condiciones del conflicto, a sabiendas de la condición efímera de cualquier hoja de ruta. De modo que, lejos del optimismo de la racionalidad tecnológica, toca buscar nuevas armas – como vaticinara Deleuze -. De antemano, considero que las nuevas tecnologías no nos aportan mucho en esta búsqueda. Aunque, sin duda, no seré yo quien seleccione la mejor opción de lucha. Serán los jóvenes quienes tendrán “que descubrir para qué les servirán tales cosas, como sus antepasados descubrieron, penosamente, la finalidad de las disciplinas” [8].
Una vez más, tendremos que hacer camino al andar. Que no es lo mismo que “avanzar con las luces apagadas” como pregonan con frecuencia algunas voces críticas. La Anarquía jamás ha necesitado que le alumbren los pasos. Siempre ha presumido su extraordinaria visión nocturna y su talento para iluminar la noche. El problema radica realmente en quienes continúan mirando el espejo retrovisor (izquierdo) marchando en reversa e insisten en alcanzar “el triunfo final”. Así pues, olvidan que toda experiencia pasada ha sido capturada por la lógica de la dominación. Quienes actúan así renuncian a nuestra especificidad y a nuestra autonomía y se asumen como una rama marchita del árbol genealógico de las “izquierdas”. Reducen a la Anarquía a un punto en el espacio. La sujetan a un lugar definido. La subyugan. La cristalizan en orden, consumando la lógica “giga-nano” de la nueva dominación.
Gustavo Rodríguez,
A 2 de febrero 2026.
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[1] Este acrónimo se refiere a la fusión de la nanociencia y la nanotecnología (N), con la biotecnología (B), las tecnologías y ciencias de la información (I) y las ciencias cognitivas o conocimiento tecnocientífico (C). La nanociencia y la nanotecnología están orientadas a la manipulación de los componentes básicos de la materia a nivel atómico en combinación con la biología y la química, con el fin de obtener estructuras moleculares con nuevas propiedades. Por su parte, la biotecnología combina la ingeniería genética, la biología celular y la bioquímica, con la intención de crear moléculas con fines científicos e industriales. Las tecnologías y ciencias de la información, a través de sistemas de inteligencia artificial, procesan grandes cantidades de datos y los transforman en información con fines científicos, industriales, financieros, militares y de gobernanza. Las ciencias cognitivas, a su vez, convergen con otras disciplinas como la neurociencia, la psicología, la sociología, la lingüística, la filosofía, la antropología y las ciencias del “gobierno organizativo”, con el propósito de analizar el proceso de creación del conocimiento humano. En conclusión, hablamos de un conglomerado científico-técnico abocado a la construcción de un mundo trans donde toda la vida terrestre será corregida, aumentada y transformada en otra cosa, cediendo el lugar de la biología a la tecnología.
[2] “En El Salvador hasta los perros andan celular”. En una pequeña población (Perquín) perteneciente al departamento de Morazán, una región básicamente agrícola con más del 30% de sus casi 3 mil habitantes viviendo por debajo del umbral oficial de pobreza, se registra un promedio de 123 suscripciones a teléfonos móviles por cada 100 habitantes. Vid. Alarcón, Rafael Medina (2014) Peasant Warriors in an Electronic Social-Formation: From rural communities to transnational circuits of dependence in postwar El Salvador, Convergence: International Journal of Research in New Media. Volume 21, Issue 4. November 2015. pp. 474-495. (Consultado 21/10/2025).
[3] Según datos de la novena edición del Informe Ipsos Global Trends de septiembre 2025, en base a la percepción de más de 33.000 personas entrevistadas en 43 países, el estudio revela que 71% de las personas encuestadas considera que la tecnología es necesaria para solucionar los problemas futuros y el 72% no concibe su vida sin acceso a Internet. Mientras que 47% considera que hay un “exceso de preocupación por la privacidad y el uso de sus datos personales”. (Consultado 21/10/2025).
[4] Vid., Vaidhyanathan, Siva. (2012) La Googlización de todo (y por qué deberíamos preocuparnos). México: Editorial Océano, trad: Enrique Mercado.
[5] Sibilia, Paola. (2005) El hombre postorgánico. Cuerpo, subjetividad y tecnologías digitales. Buenos Aires: FCE, p.35.
[6] Morozov, op. cit., p.13.
[7] La figura de la “gleba digital” es una metáfora utilizada por Cédric Durand que hace referencia a una nueva forma de feudalismo donde las personas están sujetas a la tecnología de manera similar a como los siervos estaban sujetos a la gleba del dominio del señor feudal. Para Durand, los Big data (datos masivos) son un nuevo tipo de forma de producción.
[8] Deleuze, Gilles. Posdata sobre las sociedades de control, en: Ferrer, Christian. Comp. (2006). El lenguaje libertario. Antología del pensamiento anarquista contemporáneo. México: Ediciones Hormiga Libertaria. p. 83. (Consultado 21/10/2025).
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