Cancha chica, cancha grande

24-08-2016a

Gambetas exiliadas

Las escuchas telefónicas del triple crimen de Villa Moreno, del 1º de enero de 2012, demuestran que los pibes de quince años son tentados hasta con 4 mil pesos por mes si alquilan su fuerza de trabajo a los grupos narcos que controlan los barrios en complicidad con la policía corrupta. Ya no hay seducción en intentar la gambeta que deje atrás el empobrecimiento y las urgencias. Messi, Di María e Icardi son tres futbolistas rosarinos de presente luminoso en Europa. Sin embargo, en el potrero original, los pibes son goleados en el campeonato cotidiano.

por Carlos Del Frade, para Revista Sudestada

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Recuerdos del presente

A fines de enero de 2013, dos pibes rosarinos fueron figuras excluyentes del mercado informativo internacional. Lionel Messi metió cuatro goles en el triunfo del Barcelona contra el Osasuna por 5 a 1 y Mauro Icardi también hizo lo mismo en la victoria del Sampdoria, de Italia, contra el Pescara. Ninguno de los dos jugó en primera en alguno de los grandes clubes rosarinos. Ni en Ñuls ni en Central. Solamente los documentos de identidad recuerdan que son de Rosario. La misma ciudad que cuarenta años atrás era la capital nacional del fútbol y hoy ni siquiera puede garantizar que el clásico entre leprosos y canayas se juegue con tranquilidad en un contexto de partidos amistosos.

Cancha chica del fútbol, cancha grande de la vida, de la realidad. Casi una decena de hechos violentos precedieron al clásico suspendido el domingo 20 de enero pasado. Crónica de una muerte anunciada, diría con razón el lugar común. ¿Qué seguridad podía garantizarse si durante las primeras tres semanas del año no hubo nada que impidiera la impunidad de los sectores violentos vinculados a los grupos de tareas llamados, eufemísticamente, “barrabravas”?

Las actuales dirigencias de Ñuls y Central conviven con estos grupos de tareas y dependen de ellos. Frankenstein volviéndose contra el creador. Les tienen miedo. No les da para ser Javier Cantero, el titular de Independiente. Pero hoy esas bandas son asociaciones ilícitas con muy buenas relaciones con la policía provincial. Hay que recordar que el hijo del ex jefe de la policía provincial, Hugo Tognoli, era representado por el otrora mítico número uno de la barra de Ñuls, Roberto Pimpi Caminos. No en los papeles, sí en la realidad.

Tres horas antes del partido – negocio empresarial que debió jugarse en invierno -, comenzaron los intercambios de piedrazos y balas entre policías y sectores de la barra en el Parque Independencia, la geografía donde está enclavado el estadio rojinegro. Un policía recibió un balazo que casi le perfora el cuello. Se salvó de casualidad. Después surgió, hasta el presente, el juego hipócrita del distraído. Nadie quiso asumir la suspensión del partido. En Arroyito, mientras tanto, hubo invasión de la cancha y saqueo de pilchas a los muchachos.

En la década del noventa, en forma paralela al saqueo del perfil industrial, obrero, portuario y ferroviario de la ciudad, los clubes rosarinos tuvieron deudas que rondaron en 150 millones de dólares, economías intervenidas por la justicia y acusaciones de lavado de dinero. Desastres económicos, desastres deportivos y barras cada vez más integradas a los nichos corruptos de La Santafesina SA y cada vez más poderosas.

La suspensión del clásico es la lógica consecuencia de la matriz de ferocidad que envuelve los barrios y el centro rosarino. No se trata de un hecho más de “violencia en el fútbol”, se trata de la más elocuente demostración de que hace rato Rosario ha dejado de ser la que era. Por primera vez en su vida, este cronista – al borde del medio siglo – ha visto pintadas que reclaman la muerte del canaya o del leproso. Algo inimaginable una década atrás. Las minorías del odio, socias de las minorías lavadoras del dinero, delincuentes de guante blanco, les volvieron a ganar a las mayorías rosarinas.

Las estúpidas peleas entre dirigentes y funcionarios son el innecesario sainete que sufre un pueblo que necesita cambiar las reglas de juego para que, alguna vez, el partido de la historia lo encuentre ganador y no derrotado por la violencia, la intolerancia, la hipocresía y el miedo. La ciudad goleada.

Más allá de Messi y Di María

Rosario es la cuna de la Bandera y en los años setenta fue nombrada capital nacional del fútbol. Eran los días de la cultura obrera, portuaria y ferroviaria. Los tiempos de Zanabria, Kempes y el Trinche Carlovich. Cuando la Selección Argentina era bailada por la Rosarina meses antes del Mundial de Alemania y en las tribunas, las hinchadas de Central y Ñuls compartían el espectáculo. Las jornadas de los campeonatos que lograban rojinegros y auriazules y comenzaba a forjarse el mito de las canteras inagotables del fútbol rosarino. Sombras de aquel orgullo suelen colarse cuando las pantallas de televisión muestran el abrazo entre Lionel Messi y Angel Di María al festejar algún gol parido de la magia y la velocidad de sus pies con la camiseta de la Selección. Los dos pibes, ambos de veinticinco años, son exiliados de la ciudad que hace rato dejó de ser obrera, ferrovaria, portuaria y por supuesto, capital nacional del fútbol.

Porque más allá de esos festejos individuales, ecos lejanos de lo que alguna vez fue, quedan las últimas postales del saqueo: hinchas de Ñuls paseándose con sábanas en clara alusión al fantasma de la B y la barra de Central exhibiendo una larga bandera que relata “40.000 de visitantes” con los colores del club del Parque.

Eso quedó del fútbol rosarino: folklorismo exacerbado por mediocres dirigencias que tapan con el fomento del fanatismo la ausencia de éxitos deportivos y los desaguisados económicos y financieros. Los pibes literalmente son capaces de matarse simplemente por vestir camisetas canayas o leprosas. Algo impensado en los años setenta. En los tiempos de Messi y Di María, exiliados de la ciudad goleada por la impunidad y el saqueo de los clubes populares, ya no se habla de las canteras ni tampoco de grandes logros.

Los años noventa fueron la zona liberada para dejar a los clubes rosarinos al borde de la quiebra: llegaron a presentarse denuncias en los tribunales provinciales de deudas que superan los 300 millones de pesos, junto a otras que mostraban el supuesto delito de lavado de dinero y connivencia eterna entre policías, barrabravas y narcotraficantes de distintas modalidades en la cancha chica del fútbol y la cancha grande de la realidad.

Una veintena de muertos tiene la saga del clásico rosarino más allá de las tribunas. Mientras tanto, las actuales dirigencias, lejos de investigar el saqueo apenas piden apoyo para los suyos e inflaman aquel folklorismo que nada aportan para recuperar aquel brillo del fútbol rosarino.

Pero el saqueo tuvo cómplices en los poderes político, judicial y legislativo, tanto a nivel provincial, municipal como nacional. ¿En qué quedaron las denuncias contra Eduardo López o la dirigencia encabezada por Pablo Scarabino y Horacio Usandizaga? Millones y millones de pesos fueron blanqueados en contratos de cuádruple existencia por los organismos estatales de control, mientras que las entidades entraban en convocatoria de acreedores y descendían posiciones en lo deportivo. De hecho Central, al momento de escribir estas líneas, sigue en la B y Ñuls, más allá del extraño campeonato obtenido en 2004, no puede poner en cancha un equipo que recupere algo de la mística de los años setenta.

Los prontuarios de los últimos jefes de los grupos de tareas que se hacen llamar barrabravas, Andrés “Pillín” Bracamonte y Roberto “Pimpi” Caminos – asesinado el 19 de marzo de 2010, el día del cumpleaños de López -, superan la decena de páginas, de acuerdo a los escuetos y resumidos antecedentes que se obtienen en los tribunales provinciales.

Muchas veces sus abogados terminan siendo los mismos que los de la dirigencia de los clubes y también de los efectivos policiales, sean estos provinciales o federales. No parece ser obra de la casualidad. La clase política que tiene representación legislativa y ejecutiva en los distintos niveles de la administración, no hacen mención sobre los costos sociales del saqueo institucional de Ñuls y Central.

Apenas se pronuncian sobre cambios de escenarios a la hora de la disputa de algún partido importante como sucedió hace poco con el encuentro entre los canayas y Patronato de Paraná que derivó, entre otras cosas, en la renuncia del entonces ministro de Seguridad, Leandro Corti, el único funcionario que en décadas relevó a casi setenta policías por sospechas de corrupción. Y por encima de los clubes, los largos brazos de Julio Grondona y los negocios de la AFA que parecen hacer cada día más sólidos dos conceptos del mandamás: todo pasa y nunca se le pregunta el origen del dinero en el fútbol argentino.

Messi y Di María, mientras tanto, descendientes directos de una escuela histórica de fútbol, son las expresiones más contundentes de lo que alguna vez fue.

Rosario, la ciudad goleada, volverá a dar felicidad a sus mayorías el día que en la cancha grande de la historia cambien las reglas de juego y los que son más, efectivamente, se conviertan en protagonistas y dejen de ser espectadores siempre esperando que alguna promesa se haga realidad.

De balas y clásicos suspendidos

– La mataron los mismos chicos a los que les daba de comer – fue la triste queja que repetía el marido de Mercedes Delgado, mamá de seis pibes y militante cristiana de base de la comunidad de San Cayetano, en el barrio Ludueña, en el oeste rosarino, asesinada por las balas de dos grupos de narcos que discutían el territorio en la primera quincena de 2013.

El mismo viernes que una movilización reclamaba justicia por Meche, tres militantes del Movimiento Evita fueron baleados en la zona norte, en Nuevo Alberdi, por otro grupo de transas amparados por la policía lugareña.

Uno de los muchachos quedó muy malherido y la familia Ferreyra debió mudarse porque los amenazaron de muerte si no se iban. En las declaraciones que hicieron ante la justicia federal pero fuera de la ciudad, dijeron que un oficial de La Santafesina amparaba a los vendedores de drogas.

– No conozco la realidad de los barrios – fue la increíble respuesta que, ese mismo día, dijo el gobernador de la provincia, Antonio Bonfatti, ex ministro de Gobierno durante la administración de Hermes Binner y vecino de la zona donde atentaron contra los militantes del Frente Para la Victoria.

En estas tumultuosas primeras semanas del año, arreciaron las pintadas, las bombas molotov, disparos y amenazas entre hinchas de Ñuls y Central ante la proximidad de un clásico que terminó jugándose sin visitantes pero con 700 policías y un helicóptero incluido para preservar la seguridad.

– Rosario ha recuperado su normalidad – dijo Fernando Asegurado, secretario de gobierno municipal, luego de los saqueos de Navidad que tuvieron una fuerte impronta narco y la sempiterna sensación de zona liberada garantizada por los nichos de corrupción que ostenta la policía provincial.

Esa “normalidad” es el problema.

Porque la cotidianeidad rosarina del año 2012 terminó con 183 asesinatos, cifra que determinó una tasa de homicidios de 15,2 por cada cien mil habitantes. El doble de la tasa nacional, según indicó hace pocos meses el juez de la Corte Suprema, Eugenio Zaffaroni (6 por cada cien mil habitantes).

Esa tasa de homicidios ubica a Rosario por encima de la criminalidad en San Pablo y Miami y muy cerca de Chicago, de 16 asesinatos cada cien mil habitantes.

Hasta los números vuelven a ubicar, más que nunca, a la Cuna de la Bandera como la Chicago Argentina.

Los pibes

– Nuestros pibes nos necesitan – decía el padre Montaldo en la movilización del viernes 11 de enero que se hizo en Ludueña para despedir a Mercedes, por un lado, y exigir justicia, por otro. Porque son los pibes los más castigados en la Chicago Argentina. Los que más sufren en esa “normalidad” de la que hablaba después de los saqueos de diciembre de 2012 el secretario de Gobierno, Fernando Asegurado.

Ante la ferocidad de esas cifras y los sucesos violentos e impunes vinculados a la realización del clásico le hicieron decir al inteligente director técnico de Ñuls, Gerardo Martino, un concepto que es exactamente la inversión de la mirada superficial del secretario de Gobierno: “Rosario ya no es normal”.

Martino sabe de lo que habla: él es hijo de la ciudad obrera, industrial, portuaria, ferroviaria y capital nacional del fútbol que fue Rosario hasta mediados de los años ochenta.

La desarticulación de aquel perfil generó, a fines de los años noventa, la irrupción de una geografía donde el cuentapropismo y la informalidad laboral dieron respuestas a las desesperadas búsquedas por empatarle al fin de mes.

Ya no había empleo fijo y estable y el futuro en el viejo corazón del cordón industrial más importante de América del Sur después del de San Pablo era una palabra que se pronunciaba más con miedo que con esperanza.

Hoy, las cifras oficiales del Instituto Provincial de Estadísticas y Censo, señalan que ocho de cada diez pibas y pibes no terminan la escuela secundaria en los barrios populares de la región del Gran Rosario.

Exiliados de las escuelas, ausentes las fuentes laborales legales y en blanco, vacíos los viejos talleres y edificios de fábricas barriales, los adolescentes comenzaron a ofrecer sus existencias como capacidad y fuerza de trabajo al circuito financiero de dinero fresco que tiene el capitalismo: el narcotráfico.

A principios del tercer milenio, varias causas judiciales, tanto en los tribunales provinciales como en los federales, daban cuenta que Rosario era lugar no solamente de alto consumo sino también de exportación de cocaína y otras sustancias pesadas.

Los principales partidos políticos miraron para otro lado.

Creció la corrupción policial y floreció la necesidad de la asistencia estatal para acompañar a las familias desesperadas que no sabían qué hacer con las chicas y los chicos convertidos en consumidores consumidos.

El costo de no debatir la destrucción de la ex ciudad obrera, industrial, portuaria, ferroviaria y capital nacional del fútbol, comenzó a pagarse con la sangre derramada en los barrios rosarinos. La sangre joven derramada en los barrios rosarinos. De los 183 asesinatos producidos durante el año 2012, 155 fueron por “cuestiones interpersonales”.

El 70 por ciento de los asesinados tenían entre 16 y 40 años. Gente joven, muy joven. Los más castigados durante las últimas cuatro décadas.

– Desde hace tiempo que venimos viendo en las escuelas como las chiquitas sueñan con ser narqueras. Ya no quieren ser botineras, como era antes. Imaginan un futuro mejor como novias o parejas de vendedores de droga – dice y repite la maestra Mabel Ríos, docente del emblemático barrio Tablada, uno de los más castigados por los planes políticos económicos que barrieron las identidades productivas y laborales de la ciudad.

“Hay dibujos de chiquitos de ocho a diez años que muestran a un nene triste y solo, con lágrimas que se les caen y una pelota dormida en el piso. Y al otro costado de la hoja, se puede ver a un grupo de nenes felices, alegres, con sonrisas muy marcadas que están disparando al cielo con pistolas y metralletas. O sea que esa cultura narco está impuesta desde hace años en nuestros barrios”, agrega Mabel.

Esa naturalización de las armas en la vida cotidiana de los pibes rosarinos también está reflejada en las estadísticas delictivas del año 2012: 70 por ciento de los homicidios fueron consumados con un arma de fuego.

Fútbol, lavado y muerte

Cuando Messi se convirtió en el máximo goleador del Barcelona, Patricio Gorosito, ex presidente del Real Atletic de Arroyo Seco, cuyo predio fue comprado por Horacio Usandizaga, era detenido en la misma ciudad acusado de narcotraficante. Durante mucho tiempo había sido uno de los testaferros de Julio Grondona. Pero si esa postal exhibe la impunidad sobre el lavado de dinero en torno a la historia reciente de Central, el triple crimen de Villa Moreno, en las primeras horas de 2012, evidencia lo que sucede en los barrios estragados. Hechos que tampoco son ajenos a los negocios tribuneros.

“Según ‘La Capital’, el triple homicidio del primero de enero de 2012 en Villa Moreno, en Rosario, entremezcla a personajes de la barra brava de Newells y habría sido en represalia de un hecho previo, ocurrido media hora antes, en la que un joven fue rociado a balazos en su auto BMW en el que iba junto a su novia. Este joven sería Maximiliano Rodríguez, conocido como el hijo del Quemado”. ‘La Capital’ habla de otras dos personas investigadas, ligadas a la barra leprosa. Uno sería Ariel Sebastián Acosta, alias Teletubi, investigado por el atentado a un micro de hinchas rojinegros donde murió Walter Cáceres. El tercero de los investigados por este hecho es Damián Martínez, a quien le allanaron su casa y encontraron un chaleco antibalas”, sostienen varios informes periodísticos en torno el triple crimen de Villa Moreno. La cancha de Ñuls aparece varias veces nombrada en el caso del triple crimen. Y, en forma paralela, también apareció en los medios de comunicación regionales y nacionales. Una bronca que venía de la cancha, según dice un sobreviviente.

Hablé con mi suegra que se llama Gladis Zapata, la cual me contó que el sábado a la noche ella venía por Calle Quintana y antes de llegar a Calle Balcarce vio a un pibe del barrio que le dicen el Negro Eze que estaba con otro que le dicen Danonino y otro más que no conoce, que estos estaban armados y que se iban en una moto de color negra; esto lo comento porque los pibes que murieron me habían contado que hace unas dos semanas atrás ese tal Maxi le pegó ocho tiros a un pibe del barrio que se llama Facundo, este vive en Dorrego y Doctor Rivas en un pasillo por Dorrego y sé que los comentarios del barrio son que los que le pegaron los tiros a ese Maxi la madrugada del domingo serían el Negro Eze y Danonino, quizás la bronca venga de ahí, pero no sé porque ese hombre nos vino a disparar porque nosotros nunca nos juntamos con esos pibes, para mi que se confundió, lo que sé es que Facundo si se juntaba con el Negro Eze y Danonino, y todos ellos van a la cancha de Ñuls y que se estos tenían bronca con ese tal Maxi de la cancha, pero no sé qué tipo de bronca – contó el sobreviviente de la masacre, Marcelo Alejandro Suárez, de 21 años. Hasta el mismísimo líder de la barrabrava de Ñuls se hizo presente en los tribunales provinciales de Rosario en los primeros días de 2012. El Panadero Ochoa hace una presentación espontánea y niega vínculos con Ñuls.

No conozco a las personas involucradas en este crimen, tanto víctimas como supuestos victimarios, resultando ser totalmente ajeno a los hechos investigados – dice Diego Lucas Ochoa, el jefe de la barra brava de Ñuls en una presentación espontánea en los tribunales rosarinos. Hace alusión a una nota publicada en el diario ‘La Capital’, del 4 de enero de 2012, donde consta que el “Comisario Néstor Arismendi supuestamente ha manifestado que la hipótesis más firme de las pesquisas sería una enemistad manifiesta en el interna de la barra brava de Ñuls, que las diferencias nacieron allí y se dirimen a los tiros. Asimismo dicho oficial descarta otros móviles como peleas entre bandas o ajustes entre narcos”, apunta el escrito de Ochoa. Agrega que “desconoce los motivos por los cuales las autoridades policiales han tratado de vincularlo a esta causa, pero que no es la primera vez que ello ocurre. En varios sucesos violentos ocurridos con anterioridad, la policía ha intentado responsabilizar al suscripto y a la hinchada de Ñuls, sin lograr llegar a su cometido”.

Quiero dejar en claro que ninguno de los actores involucrados en el hecho pertenece actualmente a la hinchada de Ñuls, estando verdaderamente agobiado del accionar policial, dado que estos últimos ante cualquier hecho delictual o violento que ocurre en la ciudad tratan de vincularlo a Newell’s Old Boys y a su hinchada – apuntó Ochoa, patrocinado por el abogado Ignacio Carlos Carbone. Iván O. declara que la cosa viene de la cancha de Ñuls, cuando le pegaron al Panadero. El Negro le había pegado al Maxi. Está haciendo referencia a Ezequiel Villalba y el atentado contra el hijo del detenido, horas antes del triple crimen.

… Hablando más tranquilos en el velatorio de Adrián Rodríguez, en Ovidio Lagos y 27 de Febrero, yo le pregunté cómo era el que les había disparado y él me contestó que era gente grande. Le pregunté, cómo era, si era uno petisito, medio cachetoncito, y él me dijo que si. Entonces ahí yo dije: “Ah, entonces si le fueron a pegar al Maxi, entonces el papá se fue a vengar, capaz que fue él”. Todo esto lo dije por un rumor que habíamos escuchado de esto. Que a nosotros el rumor que había escuchado nos habían dicho que a las 01.30 de ese día que le habían pegado al Maxi. Que esto lo escuchamos mientras estábamos en la esquina de mi casa con una banda de chicos, en la cual se dijo esto de que al Maxi El Negro le había pegado. Cosa que fue solo un rumor porque al día siguiente nos enteramos que al Maxi le dispararon tipo 03.00 pero no se quién le había dicho el rumor. Que el Maxi era el hijo del Quemado yo lo conocía así sin otro nombre y lo conocía de haberlo visto por el barrio, una vez pasó en moto y me habían dicho: “Mirá, ahí va el Maxi, el hijo del Quemado”. Que yo al Quemado lo había visto una vez en la cancha de Ñuls y alguien me dijo que ese era el Quemado y me lo mostraron. Que esto fue el día que el pegaron al Panadero que cuando se armó todo el quilombo subimos y me dijeron: “Mirá, ahí está el Quemado”. Que me quedó la imagen de él y de volver a verlo podría reconocerlo. Que al Quemado no volví a verlo nunca más – sostuvo Iván Alejandro Oliva. A estos elementos hay que agregar que los nombres de los Rodríguez, tanto del principal imputado en la causa (Sergio “El Quemado”), como su hijo Maxi, están en la lista de 116 hinchas de Ñuls a los cuales se les prohibió el ingreso al estadio del Parque Independencia luego de la golpiza contra el ya mencionado Diego “Panadero” Ochoa en setiembre de 2010. Una nómina donde también surgen los nombres de personas integrantes de la familia Cantero, señalada como la cabeza visible de la banda conocida como “Los Monos”. Consultados algunos dirigentes actuales de Ñuls para esta investigación, ellos señalaron que tienen la convicción que hoy la conducción de la barrabrava no genera grandes negocios. Que, en todo caso, puede dar una imagen de poder que sirve para hacer otros negocios por afuera de la cancha. En la charla mantenida con este cronista, la idea es que esas bandas ya organizadas en distintos barrios de la ciudad toman la conducción de las barras para ampliar su dotación de “soldados” y, al mismo tiempo, de vendedores y consumidores de drogas u otros “productos” que venden. Una anécdota revela este concepto: al ex encargado de seguridad del club – un ex comisario de la policía santafesina – se le acercaron integrantes de Los Monos para decirle que ellos no querían nada del club. Ni entradas, ni colectivos. Nada. “Eso quiere decir que tienen mucha plata”, sostuvo la fuente, verdaderamente preocupada por la suerte de la mayoría de los hinchas de Ñuls y a años luz de las prácticas que caracterizaron la administración de Eduardo López, como presidente de la institución, entre 1994 y 2008. Fue justamente en ese momento, largamente cubierto por la impunidad construida desde el poder político, económico, judicial y mediático de la ciudad de Rosario con algunas sólidas y luminosas excepciones, cuando el otrora líder de la barra rojinegra, Roberto “Pimpi” Camino manejaba las inferiores del club. Para el actual dirigente, “cuando López le regalaba al Pimpi los 600 mil dólares del pase de un jugador, imagínate todo lo que podía comprar en las calles de los barrios rosarinos. Voluntades policiales y muchas otras”, graficó. Otro de los elementos que surgió de la entrevista fue la preocupación que tiene la actual Comisión Directiva de Ñuls con respecto al manejo político de la policía. Al frente de la misma está Hugo Tognolli, un hombre que estuvo al frente de Drogas Peligrosas durante años y que tenía a su hijo jugando de arquero en las inferiores del club, representado – nada menos – que por el mismísimo Pimpi Camino. El asesinato del Pimpi – el mismo día del cumpleaños de Eduardo López – generó la ruptura de una especie de dique de contención que había generado el ya mítico ex líder del paravalancha rojinegro: varios grupos comenzaron a discutir la conducción de la barrabrava. Bandas organizadas que provienen de distintos sectores del Gran Rosario: los Bassi, de Villa Gobernador Gálvez; los Vázquez y los Cantero. La convicción de la fuente informativa es que hasta los últimos momentos, Pimpi supo mantener una convivencia con ellos. Por eso los nombres de los Rodríguez, los Cantero, los Bassi, algunos Vázquez y hasta del Teletubi hayan surgido en las causas vinculadas a los últimos hechos de sangre protagonizadas en el contexto de la disputa por la conducción de la barrabrava de Ñuls. De allí que la presentación espontánea de Diego Ochoa es relativa. Porque los que dicen desconocer son los que le pegaron en setiembre de 2010 y también algunos de los mencionados en el expediente del ataque al colectivo que terminó con la vida del pibe Walter Cáceres en febrero del mismo año. Pero eso tampoco quiere decir que los asesinos de los tres militantes del Frente Darío Santillán hayan sido motivados por la conducción de la barra de Ñuls. La cuestión parece ser que el nuevo rol del corazón de las tribunas del fútbol rosarino es el convertirse en un territorio de frontera y, por lo tanto, de gran circulación de gente y negocios que pueden ser utilizados en otros territorios. La idea sería que manejar las barras bravas es manejar las fronteras de los territorios barriales. Y eso no se puede hacer sin complicidad policial.

Riojanitos

– Ahora lo que estamos buscando es recuperarle la moral a mi hijo Pablo. Mientras tanto veo cómo recupero el dinero que entregamos. Ojalá que esta gente no le haga peor a otros, que haya justicia, que pague por la estafa que hizo – dice Pablo Pizarro, desde Sañogasta, una pequeña localidad riojana muy cerca de Chilecito, uno de los epicentros de la lucha en defensa del Famatina. Pero Pablo defiende otros recursos naturales, la suerte de los pibes que, como uno de sus hijos, son engañados con la promesa de jugar al fútbol y llegar a primera división muy lejos de sus tierras y hasta les hacen creer que estarán junto a Lionel Messi en el Barcelona. La cancha chica del fútbol explica la cancha grande de la historia del presente, de la realidad. Un tal Marcos Rodríguez llegó hasta aquellos parajes del noroeste argentino diciendo que representaba a la Fundación Lionel Messi y que probaba jugadores que luego integrarían los plantes de Ñuls y Renato Cesarini, de Rosario. Como suele suceder, la promesa obtura las conciencias críticas. Es una fenomenal herramienta política que sirve para ocultar verdaderas intenciones. La promesa de un futuro mejor nunca pierde vigencia y sus efectos son devastadores. Pasa en la cancha chica del fútbol, sucede en la cancha grande de la realidad. Durante meses, casi una docena de pibes que tienen no más de diecisiete años fueron llevados a la Cuna de la Bandera previos pagos de cuotas que variaban entre los 5 mil y 20 mil pesos en concepto de mantenimiento y que pagaban sus familias. Hasta que en enero de este año, el empresario les dice a los padres que los chicos serán llevados a River Plate pero que, como garantía, tenían que depositar otros 7 mil pesos más. La familia de Pablo ya no tenía un peso y estaban endeudados. Su padre es monotributista y tiene empleos temporales. Llegado ese momento, aparece un llamado de su hijo (también llamado Pablo): “Papá, no mandes más dinero. Estoy trabajando en una pizzería y me amenazan si denunciamos que vivimos en una pocilga”, le advirtió del otro lado de la línea. El lugar donde dormían era una pensión sucia y con menos con lo mínimo para calificarse como digna, ubicada en Calle Tucumán al 2600, en el macrocentro rosarino.

Está muy bajoneado, muy desilusionado. Dejó la escuela por este sueño de jugar en primera y ahora no quiere volver a jugar al fútbol. De a poquito lo vamos a recuperar entre todos. Y espero que se haga justicia para no estafen más gente – le dice Pablo Pizarro a este cronista, mientras piensa cómo empatarle al fin de mes porque debe mantener a una familia compuesta de seis hijos en total. Así funciona el sistema a través de uno de sus principales flujos de dinero e impunidad como es el fútbol. Explotan a los pibes, los engañan y cuentan con la complicidad de una batería de profesionales de la contabilidad y las leyes para que el negocio nunca se termine. ¿Cuántos pibes habrá en las mismas condiciones que estos chicos riojanos? ¿Cuántos empresarios futbolísticos estarán recorriendo en estos mismos momentos las distintas provincias para estafar a decenas y decenas de familias como los Pizarro? Y detrás de esta explotación, aparece una pauta cultural que exhibe la ferocidad del capitalismo: salvarse a través de los cuerpos de los chicos y las chicas. Como futbolistas o vedettes. La explotación del territorio más frágil que tiene el país, el cuerpo de nuestros pibes, primer y último recurso natural que también es saqueado en homenaje de los dioses que sacrifican lo humano en el altar del dinero y la promesa de un futuro mejor. Ojalá que la denuncia de los padres riojanos funcione de manera parecida a los que pelean por el Famatina. Que tomemos conciencia que los pibes no se tocan, que los pibes no deben ser explotados. Para que alguna vez los ganadores, en la cancha grande de la realidad, sean las mayorías y no las minorías del privilegio.

Pibes exiliados y la ciudad goleada

Cancha chica del fútbol, cancha grande de la vida, de la realidad. En el año 2005 y 2007 nos tocó escribir “La ciudad goleada. Central, Ñuls: fútbol, lavado de dinero y poder”, tomos 1 y 2, respectivamente. Casi una decena de hechos violentos precedieron al clásico suspendido el domingo 20 de enero pasado. Crónica de una muerte anunciada, diría con razón el lugar común. ¿Qué seguridad podía garantizarse si durante las primeras tres semanas del año no hubo nada que impidiera la impunidad de los sectores violentos vinculados a los grupos de tareas llamados, eufemísticamente, barrabravas? Las actuales dirigencias de Ñuls y Central conviven con estos grupos de tareas y dependen de ellos. Frankenstein volviéndose contra el creador. Les tienen miedo. No les da para ser Canteros, el titular de Independiente. Pero hoy esas bandas son asociaciones ilícitas con muy buenas relaciones con la policía provincial. Hay que recordar que el hijo del ex jefe de la policía provincial, Hugo Tognoli, era representado por el otrora mítico número de la barra de Ñuls, Roberto “Pimpi” Caminos. No en los papeles, si en la realidad. Tres horas antes del partido, negocio empresarial que debió jugarse en invierno, comenzaron los intercambios de piedrazos y balas entre policías y sectores de la barra en el Parque Independencia, la geografía donde está enclavado el estadio rojinegro. Un policía recibió un balazo que casi le perfora el cuello. Se salvó de casualidad. Después vino, hasta el presente, el juego hipócrita del distraído. Nadie quiso asumir la suspensión del partido. En Arroyito, mientras tanto, hubo invasión de la cancha y saqueo de pilchas a los muchachos. En la década del noventa, en forma paralela al saqueo del perfil industrial, obrero, portuario y ferroviario de la ciudad, los clubes rosarinos tuvieron deudas que rondaron en 150 millones de dólares y economías intervenidas por la justicia y acusaciones de lavado de dinero. Desastres económicos, desastres deportivos y barras cada vez más integradas a los nichos corruptos de La Santafesina SA y cada vez más poderosas. La suspensión del clásico es la lógica consecuencia de la matriz de ferocidad que envuelve los barrios y el centro rosarino desde hace rato. No se trata de un hecho más de “violencia en el fútbol”, se trata de la más elocuente demostración que hace rato Rosario ha dejado de ser la que era. Por primera vez en su vida, este cronista – al borde del medio siglo -, ha visto pintadas reclamando la muerte del canaya o del leproso. Algo inimaginable una década atrás. Las minorías del odio, socias de las minorías lavadoras del dinero, delincuentes de guante blanco, les volvieron a ganar a las mayorías rosarinas. Las estúpidas peleas entre dirigentes y funcionarios son el innecesario sainete que sufre un pueblo que necesita cambiar las reglas de juego para que, alguna vez, el partido de la historia lo encuentre ganador y no derrotado por la violencia, la intolerancia, la hipocresía y el miedo.

{ Agencia de Noticias Redacción – ANRed }

Publicado em 08.07.2013

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