{"id":36047,"date":"2019-02-07T14:23:20","date_gmt":"2019-02-07T17:23:20","guid":{"rendered":"http:\/\/aluzerna.com.br\/?p=36047"},"modified":"2019-02-07T14:23:20","modified_gmt":"2019-02-07T17:23:20","slug":"de-como-se-comportan-entre-si","status":"publish","type":"post","link":"https:\/\/aluzerna.com.br\/?p=36047","title":{"rendered":"De c\u00f3mo se comportan entre s\u00ed"},"content":{"rendered":"<h6><img loading=\"lazy\" decoding=\"async\" class=\"alignnone\" src=\"http:\/\/www.aluzerna.com.br\/2019\/07-02-2019a.jpg\" alt=\"\" width=\"578\" height=\"349\" \/><br \/>\n<span style=\"color: #000000;\">| Reprodu\u00e7\u00e3o\/www |<\/span><\/h6>\n<p><span style=\"color: #00ff00;\">\u21c5<\/span><\/p>\n<p style=\"text-align: justify;\"><span style=\"text-decoration: underline; color: #000000;\"><strong><em>Ni domesticados, ni vigilados, ni manipulados<\/em><\/strong><\/span><\/p>\n<p style=\"text-align: justify;\"><em><span style=\"color: #000000;\">Jaron Lanier, Samanta Schweblin, ante los desaf\u00edos de la velocidad tecnol\u00f3gica y las redes sociales<\/span><\/em><\/p>\n<p style=\"text-align: justify;\"><em><span style=\"color: #000000;\">por Emma Rodr\u00edguez<\/span><\/em><\/p>\n<p style=\"text-align: justify;\"><span style=\"color: #000000;\">Nunca como hasta ahora hemos tenido a nuestro alcance tanta informaci\u00f3n y puede que nunca hayamos estado tan desinformados, tan confundidos. Puede que hayamos escuchado esto demasiadas veces, pero cada vez lo percibimos con mayor proximidad. Nunca como hasta ahora hemos estado m\u00e1s conectados y, puede que nunca hayamos estado m\u00e1s aislados, m\u00e1s alejados del di\u00e1logo sincero, del entendimiento con los otros. En este primer trecho del siglo XXI somos conscientes de la velocidad a la que todo se est\u00e1 transformando: el trabajo, las relaciones, la informaci\u00f3n, la mirada sobre el mundo. Y tambi\u00e9n nos acompa\u00f1a la sensaci\u00f3n de no ser capaces de hacer frente a esa velocidad que nos empuja a seguir adelante sin las pausas necesarias para absorber, para interiorizar, para adecuarnos a lo que sucede.<\/span><\/p>\n<p style=\"text-align: justify;\"><span style=\"color: #000000;\">Cuando las grandes empresas tecnol\u00f3gicas andan inmersas en ganar la batalla de la Inteligencia Artificial, seguimos perplejos los ritmos del presente, sin entender del todo qu\u00e9 est\u00e1 ocurriendo, sin prop\u00f3sitos claros, faltos de relatos convincentes del ahora, de la Historia que se est\u00e1 escribiendo, del rumbo de nuestras vidas, unas vidas en las que nuestros yoes virtuales han tomado el poder sin que sepamos muy bien qu\u00e9 movimientos adoptar sobre el tablero. Nos hemos entregado con gusto a las nuevas tecnolog\u00edas, al mecanismo de Internet y de las redes sociales, al juego de los n\u00fameros. Hemos creado a nuestro alrededor un mundo paralelo de amistades y tal vez de fantas\u00edas, pero la mayor\u00eda de nosotros no conocemos suficientemente los fondos de ese mundo. Hemos entrado en \u00e9l por propia voluntad, de forma aparentemente gratuita, como quien emigra a una naci\u00f3n nueva, en origen, a la que ir adapt\u00e1ndose seg\u00fan las reglas y leyes que vayan surgiendo.<\/span><\/p>\n<p style=\"text-align: justify;\"><span style=\"color: #000000;\">\u00bfD\u00f3nde est\u00e1n las gu\u00edas para orientarnos en ese territorio? \u00bfC\u00f3mo es posible que no conozcamos sus resortes? Estas preguntas tienen que ver con nuestra falta de coordenadas y con nuestra perplejidad cuando nos enfrentamos, cada vez m\u00e1s, a noticias como la venta de datos personales de miles de usuarios de plataformas como facebook a empresas privadas, o a como, a trav\u00e9s del uso de algoritmos, de \u201cbots\u201d y \u201cfake news\u201d bien dirigidos, es posible encauzar opiniones y conductas, incluso influir en los resultados de un proceso electoral.<\/span><\/p>\n<p style=\"text-align: justify;\"><span style=\"color: #000000;\">Llevamos tiempo utilizando las redes sociales, disfrutando sin duda de la experiencia, pero ya tenemos datos de sobra para saber que nada es como en los comienzos, cuando cre\u00edmos en las virtudes de la comunicaci\u00f3n abierta, en red. Ya no podemos seguir siendo inocentes jugadores. El negocio, la publicidad, ha entrado hace tiempo en nuestro entorno virtual, en nuestros muros, en nuestros hilos de contenidos\u2026 Expuestos a pr\u00e1cticas opacas, ante nuevas estrategias y lenguajes, somos demasiados los que a\u00fan estamos apabullados, en fase de sorpresa, de shock, incapaces de comprender qu\u00e9 diablos est\u00e1 sucediendo. Los universos planteados por la ciencia-ficci\u00f3n ya no nos suenan tan lejanos. Est\u00e1n cerca, aqu\u00ed, y empezamos a preguntarnos qu\u00e9 hacer, c\u00f3mo pertrecharnos convenientemente para movernos en sus fronteras, c\u00f3mo burlar sus argucias.<\/span><\/p>\n<p style=\"text-align: justify;\"><span style=\"color: #000000;\">Identificar los elementos de un mapa en el que somos piezas fundamentales; conocer la tierra que pisamos, es un saludable primer paso. Si queremos seguir participando, hemos de conocer, aceptar las reglas del juego y actuar en consecuencia. De ah\u00ed que sean tan importantes libros como los dos de los que voy a hablaros a continuaci\u00f3n: &#8220;Diez razones para borrar tus redes sociales de inmediato&#8221;, de Jaron Lanier, y &#8220;Kentukis&#8221; de Samanta Schweblin. He elegido un ensayo y una novela porque, pese a la distancia de los g\u00e9neros, ambos ponen el foco en lo mismo: la domesticaci\u00f3n y la vigilancia a la que la tecnolog\u00eda nos est\u00e1 sometiendo; ambos nos ayudan a hacernos preguntas, a reflexionar y a interpretar los acontecimientos. A los atisbos de lucidez de la ficci\u00f3n, a\u00f1adimos los argumentos y experiencias sobre el terreno del ensayo. Como nos dice Ursula K. Le Guin la lectura es un medio para adquirir criterio propio, para parar \u201cla corriente incesante, incoherente, confusa y chillona de los medios de comunicaci\u00f3n\u201d. Yo a\u00f1adir\u00eda, en este caso, que la lectura nos permite dejar de andar completamente a ciegas en este movedizo y complejo presente que nos hace sentir tan vulnerables, adecuar nuestra br\u00fajula interior a las circunstancias.<\/span><\/p>\n<p style=\"text-align: justify;\"><em><strong><span style=\"color: #000000;\">El consejo de Jaron Lanier: Seamos como los gatos<\/span><\/strong><\/em><\/p>\n<p style=\"text-align: justify;\"><span style=\"color: #000000;\">Gran experto en realidad virtual y nuevas tecnolog\u00edas, Jaron Lanier, tambi\u00e9n m\u00fasico y escritor, conoce muy bien c\u00f3mo empez\u00f3 todo en Silicon Valley y c\u00f3mo se trabaja hoy en el que sin duda es el escenario que simboliza el \u00e9xito en el siglo XXI. Su propia experiencia le ha convertido en un azote contra los actuales, perniciosos, manipuladores, modelos de negocio en las plataformas, que han dejado muy atr\u00e1s lo que naci\u00f3 como una bella aventura, la de la comunicaci\u00f3n y colaboraci\u00f3n participativa de los usuarios en Internet. En el libro que nos ocupa, &#8220;Diez razones para borrar tus redes sociales de inmediato&#8221; (Debate), el autor no nos dice que las autopistas de la informaci\u00f3n sean el problema, ni las redes sociales, ni los avances tecnol\u00f3gicos en Inteligencia Artificial. Nada m\u00e1s lejos de su intenci\u00f3n. Aunque algunos puedan calificarla de catastrofista\u00a0&#8211; respuesta muy habitual para aminorar la reacci\u00f3n ante peligrosas tendencias -, estamos frente a una obra que nos alerta sobre el uso que se est\u00e1 haciendo de todo ello, sobre la urgencia de modificar el modelo. Y la manera de hacerlo, de convencer a los responsables de que ese no es el camino, de que es necesario buscar otras direcciones, pasa por pulsar el bot\u00f3n de borrado, de desconexi\u00f3n.<\/span><\/p>\n<p style=\"text-align: justify;\"><span style=\"color: #000000;\">M\u00e1s que para los entendidos en la materia, que sin duda encontrar\u00e1n argumentos y datos reveladores y curiosos, esta entrega est\u00e1 dirigida a los no iniciados y os aseguro que su efecto es muy potente, porque act\u00faa como un despertador, nos abre los ojos y nos puede llevar a desaparecer de las redes o por lo menos a plante\u00e1rnoslo como posibilidad. En cualquier caso, como os dec\u00eda, de lo que no cabe duda es de que tras su lectura, acabamos conociendo mejor cu\u00e1l es el entramado y cu\u00e1l es nuestro lugar en un medio disfrazado de amistad y buenas intenciones; aprendiendo a desenmascarar los intereses y motivaciones de quienes dirigen su rumbo; dispuestos a racionalizar las frecuencias de uso y a mantener una mayor distancia y perspectiva. Empieza y termina el ensayista con el consejo de que observemos a los gatos\u00a0&#8211; esos enigm\u00e1ticos animales cuyas fotograf\u00edas tanto inundan las redes -, que nos instruyamos en el arte de ser tan indomables e impredecibles como ellos, de no dejarnos domesticar, de llevar el control de nuestras vidas. \u201c\u00bfC\u00f3mo podemos ser aut\u00f3nomos en un mundo en el que nos vigilan constantemente y donde nos espolean en uno u otro sentido unos algoritmos manejados por algunas de las empresas m\u00e1s ricas de la historia, que no tienen otra manera de ganar dinero que consiguiendo que les paguen por modificar nuestros comportamientos? \u00bfC\u00f3mo podemos ser gatos, a pesar de ello?\u201d, se pregunta Lanier.<\/span><\/p>\n<p style=\"text-align: justify;\"><span style=\"color: #000000;\">Despu\u00e9s de esc\u00e1ndalos como el de Cambridge Analytica, que llev\u00f3 al fundador de facebook, Mark Zuckerberg, a testificar ante el Congreso de Estados Unidos, mucha gente empez\u00f3 a eliminar sus perfiles de la red social, pero no es f\u00e1cil abandonar algo a lo que ya nos hemos acostumbrado, que hemos convertido en herramienta de trabajo, en aliciente para la vida. Jaron Lanier nos invita a reflexionar, a posicionarnos, a saber, y para ello parte de un an\u00e1lisis profundo, aunque nos asegure que no ha hecho m\u00e1s que rascar la c\u00e1scara, la superficie. Poco tiempo despu\u00e9s de leer este libro, me enter\u00e9 de que distintos medios internacionales como \u201cNew York Times\u201d, \u201cThe Guardian\u201d o \u201cWired\u201d se mostraban muy cr\u00edticos con la plataforma y explicaban a sus lectores, paso a paso, c\u00f3mo borrar sus cuentas. El motivo: el conocimiento de que la plataforma segu\u00eda lucr\u00e1ndose al compartir datos de sus usuarios con compa\u00f1\u00edas privadas, para que estas pudieran personalizar sus anuncios publicitarios\u00a0&#8211; nosotros somos la mercanc\u00eda, nuestra privacidad es la moneda de cambio, la quimera de la gratuidad se desvanece -. \u00bfEstamos ante un cambio de pantalla? \u00bfHa comenzado ya la decadencia del imperio Zuckerberg? \u00bfSomos cada vez m\u00e1s conscientes de la capacidad de las redes sociales para extender el odio, para dirigirnos hacia determinados consumos e ideolog\u00edas\u2026?<\/span><\/p>\n<p style=\"text-align: justify;\"><span style=\"color: #000000;\">El ensayo del que os estoy hablando nos muestra qu\u00e9 son y c\u00f3mo funcionan los algoritmos y nos introduce en el lenguaje de los \u201cbots\u201d, los \u201ctrolls\u201d, las \u201cfake news\u201d, los ciberanzuelos y tantos otros t\u00e9rminos sin los que es imposible comprender nuestro tiempo. El propio Lanier incorpora otro concepto, la m\u00e1quina de \u201cINCORDIO\u201d, para referirse a aquellos medios tecnol\u00f3gicos que aplican un modelo de negocio que genera imperativos tan perversos como \u201cdirigir el comportamiento de las personas de la manera m\u00e1s sibilina posible\u201d, \u201cbuitrear en sus vidas\u201d, \u201cembolsarse dinero por dejar que los peores idiotas enga\u00f1en disimuladamente a todo el mundo\u201d, \u201ccontribuir a crear falsas muchedumbres y una sociedad falsaria\u201d\u2026 facebook est\u00e1 en cabeza, as\u00ed como otras plataformas que comparten propietario con la citada, caso de Instagram o Whatsapp, pero tambi\u00e9n Google, y en menor medida Twitter, Amazon, Microsoft, Apple\u2026 Lo que hace Jaron Lanier en su libro es argumentar de diez maneras distintas, \u201cque lo que de pronto se ha convertido en algo normal\u00a0&#8211; la vigilancia generalizada y la manipulaci\u00f3n sutil y constante -, es inmoral, cruel, peligroso e inhumano\u201d.<\/span><\/p>\n<p style=\"text-align: justify;\"><span style=\"color: #000000;\">No voy a dar cuenta de todas las puertas que abre su ensayo (ten\u00e9is que leerlo), pero s\u00ed me detendr\u00e9 en algunas de las cosas que m\u00e1s han llamado mi atenci\u00f3n y que hasta ahora desconoc\u00eda o no hab\u00edan llegado hasta m\u00ed con la fuerza necesaria. Impacta conocer las opiniones de gente que conoce desde dentro todas los elementos, piezas y mecanismos de un sofisticado sistema que ha modificado el modo en que nos relacionamos. El ensayista reproduce unas declaraciones de Sean Parker, primer presidente de Facebook, en las que se refiere al chute de dopamina en que se han convertido los comentarios de halago o los \u201cme gusta\u201d; al bucle de retroalimentaci\u00f3n de validaci\u00f3n social, a la explotaci\u00f3n de los puntos d\u00e9biles de la psicolog\u00eda humana. \u201cA saber lo que est\u00e1 haciendo en los cerebros de nuestros hijos\u201d, lleg\u00f3 a declarar. Y hablando de hijos, un dato curioso que aporta Lanier en otro momento: \u201cMuchos de los hijos de gente de Silicon Valley que conozco van a colegios Waldorf que por lo general proh\u00edben los dispositivos electr\u00f3nicos\u201d.<\/span><\/p>\n<p style=\"text-align: justify;\"><span style=\"color: #000000;\">Tambi\u00e9n recurre el autor a las palabras de Chamath Palihapitiya, exvicepresidente de usuarios de la misma plataforma, quien ha asegurado sentir una enorme culpabilidad y confesado que hace a\u00f1os que dej\u00f3 de usar esas herramientas. \u201cNi debate p\u00fablico civilizado ni cooperaci\u00f3n: desinformaci\u00f3n, afirmaciones enga\u00f1osas. Y no se trata de un problema estadounidense, no tiene nada que ver con la publicidad rusa. Es un problema global (\u2026) La situaci\u00f3n ahora mismo es realmente nefasta. Est\u00e1 erosionando los cimientos de c\u00f3mo se comportan las personas entre s\u00ed\u201d.<\/span><\/p>\n<p style=\"text-align: justify;\"><span style=\"color: #000000;\">\u00bfDesde cu\u00e1ndo empez\u00f3 a ser tan importante para nosotros tener m\u00e1s o menos amigos virtuales, ser populares en las redes? \u00bfC\u00f3mo es posible que se haya llegado a valorar a las personas, a los personajes p\u00fablicos, por la cifra de sus seguidores? \u00bfPor qu\u00e9 uno de los perfiles de \u00e9xito actualmente es el del \u201cinfluencer\u201d? \u00bfC\u00f3mo podemos apreciar m\u00e1s a un \u201cinfluencer\u201d que a un cient\u00edfico o a un activista que lucha por mejorar la vida de otros o por salvaguardar el medio ambiente? \u00bfHasta qu\u00e9 punto hemos decidido que valemos en funci\u00f3n de los n\u00fameros, n\u00fameros en muchos casos falsos, comprados? \u00bfPor qu\u00e9 funcionamos cada vez m\u00e1s en funci\u00f3n de las apariencias y no de la b\u00fasqueda de autenticidad? Sigo las preguntas que se formula el autor y voy a\u00f1adiendo otras de mi propia cosecha.<\/span><\/p>\n<p style=\"text-align: justify;\"><span style=\"color: #000000;\">En &#8220;Diez razones para borrar tus redes sociales de inmediato&#8221; se habla de la adicci\u00f3n y de la presi\u00f3n social. \u201cLas personas son especialmente sensibles al estatus, la opini\u00f3n y la competici\u00f3n social (\u2026) En las redes, la manipulaci\u00f3n de las emociones sociales ha sido la manera m\u00e1s f\u00e1cil de generar recompensas y castigos\u2026\u201d, vamos leyendo. Por supuesto que se dan efectos positivos: admiraci\u00f3n, respeto, camarader\u00eda, gratitud, atracci\u00f3n, nos dice Lanier. Pero a su lado est\u00e1n la hostilidad, la envidia, el resentimiento, la ansiedad, el deseo de ridiculizar al otro\u2026 Todos hemos experimentado tristeza, frustraci\u00f3n, rabia, ante situaciones y comentarios determinados, incluso de gente a la que apreciamos. Todos hemos percibido el vac\u00edo que acompa\u00f1a a una jornada excesiva frente a la pantalla del ordenador. Todos los usuarios de las redes sabemos de gratos encuentros y descubrimientos, pero tambi\u00e9n de desenga\u00f1os y de malestar ante agresivos discursos de odio, cada vez m\u00e1s extendidos. Es el juego\u2026 Es la vida, podr\u00edamos argumentar. Pero lo peligroso es que no se limita a eso. Lo peligroso de esta aventura es que hay gente detr\u00e1s controlando lo que vemos y lo que no; intentando influir en nuestras ideas y comportamientos, ajustando la informaci\u00f3n que recibimos en funci\u00f3n de quienes les pagan. Es complejo, complicado, pero merece la pena que aprendamos a identificar todo esto para encontrar nuestras propias respuestas y dirigir el rumbo. Si nos sigue compensando seguir dentro (nadie niega la eficiencia y la comodidad que nos proporcionan las redes, las tecnolog\u00edas de la informaci\u00f3n, v\u00eda aplicaciones y dem\u00e1s), que no sea por estar enga\u00f1ados.<\/span><\/p>\n<p style=\"text-align: justify;\"><span style=\"color: #000000;\">Los esc\u00e1ndalos de venta de datos que han salido a la luz, las sospechas, ya constatadas, del manejo de algoritmos para influir en las compras de determinados productos y en las acciones de los votantes en distintos procesos electorales, est\u00e1 llevando a mucha gente a ser consciente de la trama en la que estamos inmersos y ha conseguido que se hayan producido peque\u00f1os cambios en compa\u00f1\u00edas como facebook o Twitter, pero no es suficiente, nos dice Jaron Lanier. El modelo tiene que seguir transform\u00e1ndose, mejorando, volviendo a los ideales de los comienzos, y para ello debemos ser nosotros, los usuarios, los que tenemos que decir basta, porque no queremos ser vigilados, ni manipulados, ni domesticados, ni convertidos en piezas de un negocio, en mercanc\u00edas, sin que nadie nos haya pedido permiso. \u201cLas plataformas Incordio han anunciado con orgullo c\u00f3mo han experimentado con la posibilidad de hacer que las personas se sientan tristes, alterar la participaci\u00f3n electoral y reforzar la fidelidad a tal o cual marca\u2026\u201d, se\u00f1ala el ensayista, insistiendo en que \u201clas personas listas deber\u00edan borrar sus cuentas hasta que est\u00e9n disponibles variedades no t\u00f3xicas\u201d.<\/span><\/p>\n<p style=\"text-align: justify;\"><span style=\"color: #000000;\">La p\u00e9rdida del libre albedr\u00edo; el efecto manada frente a la singularidad, la creatividad, el cultivo del criterio propio; el socavamiento de la verdad en pos de una creciente falsedad (amigos falsos, cuentas falsas, publicaciones falsas\u2026); el vaciamiento de contenidos; la infelicidad; la superficialidad\u2026 son algunos de los aspectos negativos derivados del uso de las redes sociales que son analizados por el autor. Uno de los grandes aciertos de su entrega es la aportaci\u00f3n de experiencias personales, como profesional que conoce el terreno desde dentro y tambi\u00e9n como usuario. Hay un apartado especialmente interesante en el que Lanier habla del descubrimiento de su troll interior, de la falta de control y la agresividad de la que tampoco \u00e9l logr\u00f3 librarse. \u201cControlemos a nuestro troll interior\u201d, nos dice, lanzando la mirada hacia alguien como el actual presidente norteamericano Donald Trump, ejemplo del peor adicto a las redes sociales, ansioso, agresivo, incapaz de controlarse, siempre en busca de salidas de tono, de comentarios altamente ofensivos, canallas, con los que llamar la atenci\u00f3n.<\/span><\/p>\n<p style=\"text-align: justify;\"><span style=\"color: #000000;\">\u00bfQui\u00e9n no se ha enzarzado en alguna discusi\u00f3n acalorada en las redes? \u00bfQui\u00e9n no ha callado sus ideas para evitar ser rechazado por un grupo de opini\u00f3n mayoritario? Jaron Lanier nos dice que \u201clas experiencias en las plataformas Incordio oscilan entre dos extremos: o bien sus usuarios forman una turba virtual de idiotas (opinadores a la manera de Trump, descarados, faltos de escr\u00fapulos, que hacen todo lo que est\u00e1 en su mano para no pasar desapercibidos) o bien todo el mundo es sumamente cuidadoso y artificialmente amable\u201d. Yo a\u00f1adir\u00eda que las redes me permiten acceder a contenidos alternativos, muchas veces ninguneados en los medios tradicionales, y tambi\u00e9n que me permiten conocer a personas que aportan puntos de vista originales, diferenciados, enriquecedores, que defienden sus convicciones valientemente, plantando cara a las presiones. Las admiro. Como usuaria de las redes reconozco que no siempre expreso todo lo que pienso porque prefiero no gastar mis energ\u00edas en batallas que no suelen conducir a ninguna parte, y tambi\u00e9n que m\u00e1s de una vez tengo que realizar verdaderos esfuerzos de contenci\u00f3n para no entrar al trapo ante opiniones falsas, malintencionadas. Puede que haya lectores que se sientan se\u00f1alados, ofendidos con las argumentaciones y verdades expuestas por Lanier, pero nadie puede negar la capacidad del autor para llevarnos a reflexionar, a conocernos mejor, a abrir el di\u00e1logo.<\/span><\/p>\n<p style=\"text-align: justify;\"><span style=\"color: #000000;\">Me duele comprobar hasta qu\u00e9 punto luchas y movimientos transformadores, que en un primer momento nos llenan de esperanza, son degradadas de forma interesada. La reacci\u00f3n, la preparaci\u00f3n de los ej\u00e9rcitos de \u201cbots\u201d, tarda un poco en llegar, pero siempre lo hace, sembrando la duda en amplios sectores de poblaci\u00f3n poco habituados a contrastar las informaciones, que se deja influir por tergiversados mensajes repetidos una y otra vez, por memes m\u00e1s o menos ingeniosos. Pensemos en los ataques al feminismo, por ejemplo. Analicemos el modo en que, en diversos frentes, se \u201cexhuman espantosos prejuicios y odios que han permanecido enterrados durante a\u00f1os, haciendo que esos odios pasen a ocupar un espacio central\u201d. Muchas veces, ante determinadas acciones en las redes sociales, tiendo a reproducir el escenario del patio del colegio, donde los t\u00edpicos abusones levantan la voz y los pu\u00f1os, acompa\u00f1ados siempre de una cohorte de aduladores, frente a estudiantes m\u00e1s d\u00e9biles, sensibles, o que simplemente se niegan a seguirles el juego. Como periodista me interesa mucho observar la manera en que determinados asuntos cobran relevancia en las redes y restan importancia a otros de mayor calado, actuando como cortinas de humo. Es muy f\u00e1cil de detectar, sobre todo en Twitter con su sistema de \u201chashtags\u201d, a trav\u00e9s del cual, d\u00eda tras d\u00eda, percibimos hasta qu\u00e9 punto se puede simplificar y encanallar el discurso, con tuits absolutamente deleznables de pol\u00edticos y personajes p\u00fablicos que buscan incendiar el debate y despertar la agresividad tanto de sus seguidores como de sus adversarios. Asuntos menores, an\u00e9cdotas intrascendentes, comentarios sacados de contexto, falsas verdades, se convierten en virales mientras que temas de verdad importantes, claves para el futuro de la humanidad, como la urgencia de luchar por el cambio clim\u00e1tico, son silenciados.<\/span><\/p>\n<p style=\"text-align: justify;\"><span style=\"color: #000000;\">\u00bfQu\u00e9 realidad observamos; qui\u00e9nes est\u00e1n dirigiendo nuestra mirada? me pregunto con frecuencia. Jaron Lanier habla del funcionamiento de un interruptor con dos funciones: solitario o manada. \u201cEl modo manada del interruptor hace que prestemos tanta atenci\u00f3n a nuestros compa\u00f1eros y enemigos en el mundo de las manadas que podemos llegar a no ver aquello que sucede delante de nuestras narices\u201d, se\u00f1ala. A lo mismo alude Doris Lessing en su libro de ensayo &#8220;Las c\u00e1rceles que elegimos&#8221;, donde nos dice: \u201cMantener una opini\u00f3n individual disidente, siendo miembro del grupo, es la cosa m\u00e1s dif\u00edcil del mundo (\u2026) Deber\u00edamos encontrar las maneras de educar a nuestros hijos en el sentido de fortalecer a la minor\u00eda y no, como hacemos por regla general, de venerar al grupo, a la manada\u201d.<\/span><\/p>\n<p style=\"text-align: justify;\"><span style=\"color: #000000;\">Estamos en un punto en el que resulta una obviedad decir que las tecnolog\u00edas, en su avance imparable, han cambiado y siguen haci\u00e9ndolo, nuestras sociedades y nuestro modo de vida. Incapaces de adaptarnos a tanta velocidad, como actores y espectadores de escenarios en continua mutabilidad, nos sentimos inseguros, vulnerables, faltos de perspectiva y de horizontes. A la velocidad como s\u00edmbolo de nuestra \u00e9poca se refer\u00eda ya Milan Kundera en &#8220;La lentitud&#8221;: \u201cNuestra \u00e9poca se entrega al demonio de la velocidad y por eso se olvida tan f\u00e1cilmente a s\u00ed misma (\u2026) nuestra \u00e9poca est\u00e1 obsesionada por el deseo de olvidar y, para realizar ese deseo, se entrega al demonio de la velocidad; acelera el paso porque quiere que comprendamos que ya no desea que la recordemos: que est\u00e1 harta de s\u00ed misma, asqueada de s\u00ed misma; que quiere apagar la peligrosa llamita de la memoria\u201d. De los peligros de la sociedad de la velocidad, de la b\u00fasqueda excesiva de productividad y rendimiento, nos alerta una y otra vez en sus obras el pensador coreano Byung-Chul Han. \u201cLas prisas, el ajetreo, la inquietud, los nervios y una actitud difusa caracterizan la vida actual. En vez de pasear tranquilamente, la gente se apremia de un acontecimiento a otro, de una informaci\u00f3n a otra, de una imagen a otra\u2026\u201d<\/span><\/p>\n<p style=\"text-align: justify;\"><span style=\"color: #000000;\">Jaron Lanier nos da argumentos para entender qu\u00e9 est\u00e1 sucediendo, para profundizar en todo ello. \u201cLa idea de que la verdad ha muerto recientemente es una de las m\u00e1s recurrentes de nuestra \u00e9poca\u2026\u201d, vamos leyendo. Y m\u00e1s adelante: \u201cEn esta era de Incordio, la informaci\u00f3n que les llega a las personas es el resultado de la interacci\u00f3n entre anunciantes manipuladores, empresas tecnol\u00f3gicas ebrias de poder y desquiciadas, y competiciones por el estatus social predise\u00f1adas. Eso significa que hay menos autenticidad en la exploraci\u00f3n social que nos ayuda a encontrar la verdad\u201d.<\/span><\/p>\n<p style=\"text-align: justify;\"><span style=\"color: #000000;\">Las democracias, como nos indica el autor, est\u00e1n sufriendo retrocesos terribles y s\u00fabitos, y la informaci\u00f3n basura, los mensajes t\u00f3xicos, desestabilizadores, utilizados sin ning\u00fan tipo de verg\u00fcenza por formaciones pol\u00edticas y por l\u00edderes de opini\u00f3n, a trav\u00e9s de las redes, contribuyen a ello. La falsedad va ganando terreno y nos cuesta reconocerla, porque no nos ha dado tiempo a afinar nuestras antenas de detecci\u00f3n. Estamos rodeados de ej\u00e9rcitos de \u201cbots\u201d cuyo cometido es extender falsas informaciones. Los medios de comunicaci\u00f3n se suman muchas veces a se\u00f1uelos y trampas lanzadas en las redes sociales, hacen dejaci\u00f3n de su funci\u00f3n y no contrastan ni desenmascaran informaciones vertidas por grupos de presi\u00f3n, empresas, instituciones\u2026, contribuyendo con ello a crear una falsa realidad. Compramos productos guiados por las buenas referencias que encontramos en Internet sin pensar que pueden estar escritas por personas artificiales. Nos fijamos y creemos en enlaces, entradas y tuits que han podido ser introducidos por montones de falsos usuarios. Damos importancia a los n\u00fameros, tal vez sin saber que los seguidores pueden comprarse\u2026 \u00bfEstamos a tiempo de que las generaciones m\u00e1s j\u00f3venes no acaben viendo todo esto como normal? \u00bfPlantearnos estas cuestiones nos convierte en agoreros, catastrofistas, paranoicos? \u00bfEstamos contra el progreso, lo vemos todo demasiado negro? No hace falta llegar a tanto, pero s\u00ed estar m\u00e1s atentos, comprobar, saber leer, poner en contexto, contrastar. Requiere un esfuerzo, pero es la \u00fanica manera de despejar las brumas de la confusi\u00f3n imperante, de llegar a tocar las ra\u00edces de las cosas, de alcanzar un poco de lucidez, de verdad.<\/span><\/p>\n<p style=\"text-align: justify;\"><span style=\"color: #000000;\">\u00bfPor qu\u00e9 hemos de creernos las cifras? \u00bfPor qu\u00e9 hemos dejado que la realidad sea sustituida por est\u00fapidos n\u00fameros? \u00bfPor qu\u00e9 creemos que la viralidad es la verdad? se pregunta Lanier. Y nos habla del problem\u00e1tico sometimiento del periodismo al dios de las estad\u00edsticas, lo que conlleva que lo importante sea obtener el m\u00e1ximo de clics en las noticias que se publican, a costa de bajar los niveles de calidad y ser m\u00e1s superficiales, agresivos, sensacionalistas. \u201cHay muy pocos sitios web de noticias independientes, y son muy valiosos. Se han visto arrinconados por Incordio y se encuentran en una situaci\u00f3n extraordinariamente vulnerable (\u2026) En Estados Unidos casi no quedan ya medios de comunicaci\u00f3n locales de investigaci\u00f3n. En este enorme pa\u00eds sobreviven unas pocas redacciones independientes con recursos e influencia (\u2026) Una interpretaci\u00f3n positiva ser\u00eda la siguiente: el hecho de que el periodismo independiente est\u00e9 en una situaci\u00f3n complicada a la sombra de Incordio es se\u00f1al de su integridad&#8230;\u201d, argumenta el ensayista, quien nos recomienda que accedamos a las noticias, no a trav\u00e9s de los hilos personalizados en nuestros muros en las redes sociales, sino directamente, a trav\u00e9s de los sitios web que nos resulten interesantes y fiables.<\/span><\/p>\n<p style=\"text-align: justify;\"><span style=\"color: #000000;\">\u201cLa empat\u00eda se pierde en el ruido\u2026\u201d Cada vez somos menos capaces de dialogar con quienes piensan de modo diferente\u2026 Las redes sociales pueden fomentar la infelicidad con el establecimiento de est\u00e1ndares de belleza o estatus social inalcanzable\u2026 Nos sentimos vulnerables frente a los \u201ctrolls\u201d\u2026 Nos convertimos en productos\u2026 Somos clasificados por algoritmos en funci\u00f3n de nuestra orientaci\u00f3n pol\u00edtica y otros factores, lo cual puede ser m\u00e1s determinante de lo que pensamos\u2026 Voy tirando, de manera muy r\u00e1pida, simplificada, de distintos hilos, argumentos expuestos en esta entrega que cada uno de nosotros deber\u00edamos analizar por nuestra cuenta, de acuerdo con las experiencias vividas.<\/span><\/p>\n<p style=\"text-align: justify;\"><span style=\"color: #000000;\">Jaron Lanier nos habla de la ansiedad social, de \u201cnuestra incapacidad para preservar un espacio en el cual inventarnos a nosotros mismos ajenos a la evaluaci\u00f3n constante\u201d, pero no se queda en el diagn\u00f3stico de la situaci\u00f3n, sino que va m\u00e1s all\u00e1 e intenta imaginar otras maneras, otros rumbos, ofreciendo propuestas de cambio, de futuro. Ahonda en la creciente p\u00e9rdida de dignidad econ\u00f3mica de muchos sectores (m\u00fasicos, traductores\u2026) y propone modelos m\u00e1s colaborativos, menos desiguales, no basados \u00fanicamente en la publicidad ni en la gratuidad a cambio de manipular a los usuarios y negociar con sus datos. \u201cIncordio no es la \u00fanica posibilidad. Nos sentimos atrapados en esta certeza, pero la trampa est\u00e1 solo en nuestras cabezas\u201d, nos transmite. La b\u00fasqueda de otras alternativas no es sencilla, pero lo cierto es que pocos se afanan en la labor.<\/span><\/p>\n<p style=\"text-align: justify;\"><span style=\"color: #000000;\">Son muchos los temas que merecen atenci\u00f3n en este libro. Son muchos los an\u00e1lisis y datos de inter\u00e9s. Resulta curioso, por ejemplo, que en las \u00faltimas elecciones en EE.UU, facebook ofreci\u00f3 proporcionar un equipo de personas que trabajasen directamente en las campa\u00f1as de Donald Trump y Hillary Clinton, ayudando a maximizar el uso de sus plataformas. Fue el primero el que acept\u00f3 la oferta. Da que pensar\u2026 Otro aspecto de mucho inter\u00e9s es el de la p\u00e9rdida de misterio a la que nos conducen las nuevas tecnolog\u00edas. No todo puede ser robotizado, optimizado. Los seres humanos respondemos a otro lenguaje: el de las emociones, el de la imprevisibilidad, el de la espiritualidad, el de la creatividad\u2026 Os animo a leer el libro, a abrir el debate. Concluida la lectura podemos decidir borrar nuestras cuentas o al menos, como es mi caso\u00a0&#8211; de momento\u00a0&#8211; seguir algunas de las recomendaciones que hace Jaron Lanier para movernos de manera menos t\u00f3xica por Internet.<\/span><\/p>\n<p style=\"text-align: justify;\"><em><span style=\"color: #000000;\">\u201cDiez razones para borrar tus redes sociales de inmediato\u201d, de Jaron Lanier, ha sido publicado por Debate, traducido por Marcos P\u00e9rez S\u00e1nchez.<\/span><\/em><\/p>\n<p style=\"text-align: justify;\"><strong><em><span style=\"color: #000000;\">Samanta Schweblin y sus &#8220;Kentukis&#8221;, una distop\u00eda muy cercana<\/span><\/em><\/strong><\/p>\n<p style=\"text-align: justify;\"><span style=\"color: #000000;\">&#8220;En Diez razones para borrar tus redes sociales de inmediato&#8221;, Jaron Lanier se\u00f1ala que \u201ctodo el mundo est\u00e1 sometido a un nivel de vigilancia propio de una novela dist\u00f3pica\u201d, refiri\u00e9ndose en otro momento a \u201cla incre\u00edble perspectiva propia de dioses que se tiene desde Silicon Valley\u201d, donde \u201ctanto las personas como los algoritmos pueden ver siempre qui\u00e9n ha escrito qu\u00e9 y cu\u00e1ndo; y qui\u00e9n lo busc\u00f3 y lo ley\u00f3 y cu\u00e1ndo\u201d. Nos dice el autor que podemos contemplar todo esto como si estuvi\u00e9semos observando un hormiguero, mientras \u201clas diminutas hormigas lo saben. Saben que est\u00e1n siendo observadas\u2026\u201d Alude a que esa sensaci\u00f3n, la de ser observados por personas aparentemente superiores, que en realidad pueden ser nuestros antiguos compa\u00f1eros de colegio trabajando en alguna plataforma de Internet, puede ser \u201cdegradante y deprimente\u201d.<\/span><\/p>\n<p style=\"text-align: justify;\"><span style=\"color: #000000;\">No se me ocurre mejor preludio para dar paso a la lectura de &#8220;Kentukis&#8221;, la nueva novela de la escritora argentina Samanta Schweblin, quien plantea una distop\u00eda que nos suena demasiado cercana y que destapa el miedo, la inseguridad, ansiedad y vulnerabilidad de un presente marcado por la necesidad de llenar vac\u00edos y soledades, una vez ca\u00eddos los ideales, quebrados los puentes de la autenticidad en las relaciones, el sentido de comunidad. Ah\u00ed, en una geograf\u00eda a la intemperie, es donde triunfa la tecnolog\u00eda. Los kentukis son unos peluches muy particulares, mascotas adictivas de \u00faltima generaci\u00f3n que se compran al precio de 279 d\u00f3lares y que observan e interact\u00faan con sus usuarios. Tras ellas se esconden otras personas con motivaciones y prop\u00f3sitos ocultos. De su mano, la autora alcanza un irresistible punto de perversidad y morbosidad, construye un mecanismo narrativo a modo de relatos, de historias que se cruzan, con el punto en com\u00fan de la adquisici\u00f3n de esos fant\u00e1sticos y endiablados animalillos capaces de transformar la vida.<\/span><\/p>\n<p style=\"text-align: justify;\"><span style=\"color: #000000;\">La ficci\u00f3n se convierte aqu\u00ed en met\u00e1fora, en espejo de una sociedad enferma, confundida, que conf\u00eda en que la tecnolog\u00eda como medio para sobrellevar sus carencias. De una u otra manera, en una u otra de las historias que se nos cuentan, acabamos reconociendo comportamientos, estampas de absoluta actualidad. Con su capacidad para la sugerencia, para abrir grietas de extra\u00f1eza en lo aparentemente normal, Schweblin saca a la luz los puntos d\u00e9biles, las fragilidades, contradicciones y b\u00fasquedas de sus protagonistas, sacudidos por la entrada en sus vidas de una nueva tecnolog\u00eda, de un extra\u00f1o mecanismo que les cuesta descifrar, de cuyos peligros no acaban de ser conscientes.<\/span><\/p>\n<p style=\"text-align: justify;\"><span style=\"color: #000000;\">Se abren las puertas de la intimidad a mascotas que act\u00faan como vigilantes, como voyeurs. El juego se entabla entre dos tipos de personas: las que quieren ser miradas y las que prefieren mirar. El tema de la identidad, de lo que queremos ser, de lo que aparentamos ser, de los que somos realmente, es clave en esta entrega por la que vamos caminando a ciegas. Ese extra\u00f1amiento, el descubrimiento del que, como lectores, vamos siendo testigos, a la par que los distintos protagonistas, es esencial en el mecanismo de la novela; de ah\u00ed que prefiera no revelar demasiados detalles en lo que ata\u00f1e a las l\u00edneas argumentales. \u201cSe sent\u00eda cerca de alg\u00fan tipo de revelaci\u00f3n, era un proceso que conoc\u00eda, y la sola excitaci\u00f3n por alcanzar una conclusi\u00f3n compensaba la somnolencia\u2026\u201d, transcribo estas frases correspondientes a una de las historias, la de Alina y su peluche cuervo, el Capit\u00e1n Sanders, que ser\u00e1 crucial en el conocimiento de s\u00ed misma y de su novio, Sven, un pintor no tan inofensivo y noble como a simple vista parece.<\/span><\/p>\n<p style=\"text-align: justify;\"><span style=\"color: #000000;\">Pensamos en robots dom\u00e9sticos, en Inteligencia Artificial, cuando vamos leyendo, pero en realidad es el modelo de las redes sociales el que se lleva al extremo. Aqu\u00ed existe la posibilidad de conectarse con personas de cualquier parte del mundo, personas que pueden entrar en casas de otros con su pleno consentimiento, acceder a nuevas geograf\u00edas y realidades, con las sorpresas y peligros que ello conlleva, d\u00e1ndose situaciones de ansiedad, de adicci\u00f3n, de enamoramiento, de humillaci\u00f3n, de delito\u2026 Y de fondo, la necesidad de huir de lo habitual, de tener otras vidas, de albergar secretos\u2026 Son densos, complejos, los pasadizos que abre esta novela que nos sit\u00faa en los horizontes movedizos, desconocidos, que se est\u00e1n abriendo con las nuevas tecnolog\u00edas y nos lleva a reflexionar sobre el contraste entre la velocidad a la que nos someten y la fijeza de nuestras emociones y sentimientos, imperturbables a trav\u00e9s del tiempo, generaci\u00f3n tras generaci\u00f3n.<\/span><\/p>\n<p style=\"text-align: justify;\"><span style=\"color: #000000;\">Dispositivos, tarjetas de conexi\u00f3n, c\u00f3digos, direcciones IP, c\u00e1maras, instalaciones de software, dispositivos de carga, servidores centrales, links, alertas, experiencias virtuales\u2026 \u201cEstar\u00e9 loca pero por lo menos estoy actualizada\u201d, piensa Emilia, feliz por disponer de otra vida a la que asomarse, con la que ampliar su mon\u00f3tona rutina. La aparici\u00f3n de una tecnolog\u00eda tan sofisticada supone un vac\u00edo legal que aprovecha otro de los protagonistas, Grigor, un hacker que ve la oportunidad de hacer el negocio de su vida, ofreciendo la oportunidad de elegir el tipo de compa\u00f1\u00eda, de aventura que aguarda tras un Kentuki concreto. Porque es consciente de que \u201chab\u00eda gente dispuesta a soltar una fortuna por vivir en la pobreza unas horas al d\u00eda, y estaban los que pagaban por hacer turismo sin moverse de sus casas, por pasear por la India sin una sola diarrea, o conocer el invierno polar descalzos y en pijama. Tambi\u00e9n hab\u00eda oportunistas, para quienes una conexi\u00f3n en un estudio de abogados de Doha equival\u00eda a la oportunidad de pasearse toda una noche sobre notas y documentos que nadie m\u00e1s deber\u00eda ver\u2026\u201d, accedemos a sus pensamientos.<\/span><\/p>\n<p style=\"text-align: justify;\"><span style=\"color: #000000;\">En otra de las piezas, estancias, de la novela, conocemos a Cheng Shi-Xu, que \u201chab\u00eda comprado una tarjeta kentuki y hab\u00eda establecido su conexi\u00f3n con un dispositivo de Lyon. Desde entonces pasaba m\u00e1s de diez horas por d\u00eda frente a su computadora. Su saldo bancario bajaba d\u00eda a d\u00eda, los amigos ya casi no llamaban y la comida basura le estaba haciendo un agujero en el est\u00f3mago\u2026\u201d<\/span><\/p>\n<p style=\"text-align: justify;\"><span style=\"color: #000000;\">Podemos reconocer situaciones cercanas a esta en nuestro d\u00eda a d\u00eda. \u00bfEstamos preparados para asumir el ritmo al que todo est\u00e1 aconteciendo en el siglo XXI? \u00bfAcabaremos adaptando y controlando los cambios o terminaremos rotos en pedazos, aniquilados nuestros pilares b\u00e1sicos de entendimiento, de percepci\u00f3n? La mayor\u00eda de los personajes de Schweblin no salen muy bien parados de la experiencia a la que son sometidos. Seres con buenas intenciones que solo buscan algo de compa\u00f1\u00eda, de complicidad, acaban golpeados, anulados por situaciones que se les escapan de las manos, que los sobrepasan, pero queremos creer que acaban aprendiendo.<\/span><\/p>\n<p style=\"text-align: justify;\"><span style=\"color: #000000;\">\u00bfSupone eso que acabar\u00e1n cerrados a los dem\u00e1s, a\u00fan m\u00e1s aislados, o que volver\u00e1n a recuperar h\u00e1bitos y costumbres menos artificiales: el paseo, la conversaci\u00f3n, el abrazo directo\u2026? nos preguntamos a medida que avanzamos en la lectura. Son interrogantes que abriremos cada vez m\u00e1s, a medida que avancemos en este tiempo lleno de desaf\u00edos, en el que nos estamos jugando el futuro como civilizaci\u00f3n, como especie; en el que corremos el peligro de perdernos en t\u00faneles virtuales, en realidades falsas; observados, vigilados, manipulados, incapaces de parar amenazas tan urgentes y reales como la del cambio clim\u00e1tico.<\/span><\/p>\n<p style=\"text-align: justify;\"><span style=\"color: #000000;\">Para poner el punto final, vuelvo a Ursula K. Le Guin. Su prop\u00f3sito era sacudir su propia mente y la de sus lectores, a fin de promover cambios de conciencia, de acabar con la inercia paralizadora, con \u201cla costumbre timorata de pensar que la manera en que vivimos ahora es la \u00fanica manera en que se puede vivir\u201d. Samanta Schweblin nos pone ante una realidad que ya est\u00e1 aqu\u00ed. Del mismo modo que Jaron Lanier, pero a trav\u00e9s de los mecanismos de la ficci\u00f3n, consigue despertarnos, encender una llama de lucidez all\u00ed donde todo parece oscuro, desconocido, infranqueable, y tambi\u00e9n irremediable. Las tecnolog\u00edas no son entes fantasmag\u00f3ricos, est\u00e1n creadas y controladas por seres humanos. Se trata de quitarles ese car\u00e1cter intocable, sagrado, que les estamos concediendo. Se trata de influir como usuarios, como consumidores activos y responsables, en su evoluci\u00f3n; de decidir de qu\u00e9 manera podemos usarlas para mejorar nuestras vidas, no para desquiciarlas.<\/span><\/p>\n<p style=\"text-align: justify;\"><em><span style=\"color: #000000;\">\u201cKentukis\u201d, de Samanta Schweblin, ha sido publicado por Literatura Random House.<\/span><\/em><\/p>\n<p style=\"text-align: justify;\"><strong><span style=\"color: #00ff00;\">.<\/span><\/strong><\/p>\n<p style=\"text-align: justify;\"><span style=\"color: #000000;\">. <span style=\"text-decoration: underline;\">Nota adicional<\/span>:<\/span><\/p>\n<p style=\"text-align: justify;\"><span style=\"color: #000000;\">Si en todo comienzo de a\u00f1o nos hacemos prop\u00f3sitos, este art\u00edculo parte de un prop\u00f3sito muy personal que tiene mucho que ver con el trabajo, la experiencia y el desarrollo de Lecturas Sumergidas. En un principio, las redes sociales, especialmente facebook, fueron una herramienta importante para dar a conocer nuestros contenidos, pero en un momento dado empezamos a percibir claramente que ten\u00edamos dos opciones: entr\u00e1bamos en el juego del negocio propuesto por la plataforma o nos arriesg\u00e1bamos a la invisibilidad, a ser cada vez menos mostrados en los hilos de contenidos de nuestros seguidores. O pag\u00e1bamos por difundir cada uno de nuestros art\u00edculos, por planes de publicidad permanentes, ofrecidos constante y machaconamente, cada vez que publicamos algo, o desaparec\u00edamos.<\/span><\/p>\n<p style=\"text-align: justify;\"><span style=\"color: #000000;\">En un par de ocasiones, al comienzo, cuando los precios de la publicidad eran mucho m\u00e1s bajos que ahora, probamos con peque\u00f1as cantidades de dinero (menos de 50\u20ac en total), pero muy pronto nos dimos cuenta de que esa era una carrera sin retorno, de que nuestro prop\u00f3sito no era inflar nuestras cifras de seguidores sino llegar a lectores potenciales, de calidad. Ni queremos, ni podemos entrar en ese juego absolutamente perverso. \u00bfNosotros y otros medios independientes, que seguimos creyendo en el periodismo especializado e independiente, que nutrimos con nuestros contenidos gratuitos el flujo de informaci\u00f3n en Internet, tenemos que pagar para llegar a los lectores, para ser vistos\u2026? Es disparatado. \u00bfQu\u00e9 sucede para que tantos medios est\u00e9n aceptando la maniobra sin rechistar? \u00bfDe qu\u00e9 manera se est\u00e1n moviendo los hilos\u2026? Las respuestas a muchas de estas preguntas las he encontrado en el libro de Jaron Lanier del que acabo de hablaros.<\/span><\/p>\n<p style=\"text-align: justify;\"><span style=\"color: #000000;\">El prop\u00f3sito de Lecturas Sumergidas para 2019 es haceros llegar el mensaje de que entr\u00e9is directamente en nuestra revista y de que os anim\u00e9is, siempre que pod\u00e1is, a contribuir con vuestras aportaciones a hacer posible nuestro trabajo. Por ello hemos puesto en marcha una campa\u00f1a de crowdfunding para hacer posibles las seis ediciones sumergidas previstas para 2019. El poder de una comunidad lectora est\u00e1, solo puede estar, en la colaboraci\u00f3n directa entre lectores y medio. Sin compromiso por parte de los lectores el periodismo independiente, en cualquier \u00e1mbito, acabar\u00e1 desapareciendo. No les demos la raz\u00f3n a quienes, movidos por sus propios intereses, pueden acabar consigui\u00e9ndolo.<\/span><\/p>\n<p style=\"text-align: justify;\"><span style=\"color: #000000;\"><strong>{<\/strong> <em>Lecturas Sumergidas<\/em> <strong>}<\/strong><\/span><\/p>\n<p><span style=\"color: #00ff00;\">\u2022<\/span><\/p>\n<p><span style=\"color: #00ff00;\">\u2591\u2591\u2591\u2591\u2591\u2591\u2591\u2591\u2591\u2591\u2591\u2591<\/span><\/p>\n","protected":false},"excerpt":{"rendered":"<p>| Reprodu\u00e7\u00e3o\/www | \u21c5 Ni domesticados, ni vigilados, ni manipulados Jaron Lanier, Samanta Schweblin, ante los desaf\u00edos de la velocidad tecnol\u00f3gica y las redes sociales por Emma Rodr\u00edguez Nunca como hasta ahora hemos tenido a nuestro alcance tanta informaci\u00f3n y puede que nunca hayamos estado tan desinformados, tan confundidos. 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